He intentado varias cosas para conseguir ficheros de tamaño reducidido que me permitiera incorporar el resumen como adjuntos, pero no he sido capaz, ni siqueira partiendolo por escalas.
Como creo que merece la pena leerlo, voy a pegarlo sin más por escalas
Empezaré en el orden que las haremos nosotros, que no coincide con el que está escrito....
OSLO
Llegamos a la última escala del crucero con esa sensación agridulce propia de las buenas experiencias que inevitablemente llegan a su final anunciado. La tarde anterior habíamos tenido la reunión informativa para el desembarque y eso te deja un “mal cuerpo” que no veas. Pero bueno, estábamos dispuestos a disfrutar al máximo de esta escala, que habíamos preparado a conciencia.
Para empezar, en un momento de lucidez, el día anterior habíamos decidido dejar a nuestra pequeñaja en el mini-club del barco para la visita de Oslo. Esta “sabia decisión” la tomamos después de comprobar con espanto el poco aguante que tenía en las excursiones en las que había que caminar y ver cosas, tanto en Bergen como en Stavanger, que fueron mucho más suaves que Oslo. Era evidente que ella no tenía nuestros mismos intereses al visitar estas ciudades y al no llevar sillita de paseo pues ya os imagináis: que si me canso, no quiero andar más, cómprame algo, me quiero ir al barco… Lo dicho, que ella se quedó entusiasmada en el mini-club (pero entusiasmada de verdad) y nosotros, aunque en principio nos asaltó una fugaz sensación de culpa, tuvimos que rendirnos a la evidencia de que era lo mejor para ella y para nuestros planes de ver lo máximo posible de la capital noruega. Efectivamente, la recogimos poco después de las 16:00, fresca como una lechuga y contenta como unas castañuelas.
Como en el mini-club ..............(tengo que omitir un trozo aquí, porque me da un mensaje de error, dice que es muy largo el mensaje)
Oslo, como ya sabéis, es una escala que puede dar para mucho sólo si se prepara con antelación y se decide qué es lo que se quiere ver en función del tiempo disponible. Nuestro barco zarpaba a las 17:00, así que llevábamos la visita con una planificación detallada que cumplimos prácticamente a rajatabla. Teniendo claro que es imposible verlo todo, nosotros habíamos escogido la siguiente ruta, tan válida como otra cualquiera:
- Bygdoy, para ver el Museo Popular Noruego.
- Parque Vigeland
- Karl Johans Gate, con el Palacio Real.
- Ayuntamiento (Radhuset)
- Akershus Slott (Castillo)
Arrancamos, llenos de energía y con un cielo algo nublado pero por primera vez con pronóstico soleado y caluroso, que se cumplió.
Nada más bajar del barco, en la estación marítima que está justo en la zona de desembarque, a la entrada, hay una oficina de Información Turística donde compramos la Oslo Pass, tarjeta que da acceso a la mayoría de los museos y atracciones así como al transporte público. Fue una inversión bien hecha, ya que no volvimos a sacar la cartera para pagar nada más, ni entradas, ni billetes de autobús. Además, tiene un precio especial para cruceristas: en lugar de 220 NOK por adulto, pagamos 176 NOK.
Caminando, en un paseo de 5 minutos, por delante del Ayuntamiento, ya estás en el mismo puerto, y en la dársena 3 tomamos el bus marítimo nº 91, que va a Bygdoy. Es muy fácil, muchos cruceristas empiezan así su visita, así que llegamos casi siguiendo a los demás.
Bygdoy, originalmente una isla, es hoy un exclusivo barrio residencial que además alberga los más importantes museos de la ciudad: el Vikingskipshuset (el Museo de los Barcos Vikingos), el Frammuseet (dedicado al barco polar Fram), el Kon-Tiki Museet (dedicado a la expedición de la balsa Kon-Tiki), el Norsk Folkemuseum (Museo Popular Noruego) y el Norsk Sjofartsmuseum (dedicado a la historia náutica noruega). Evidentemente, en una escala de un crucero es imposible verlos todo, salvo que no veas nada más de la ciudad, así que tocaba decidir. Nuestros favoritos eran el de los Barcos Vikingos y el Museo Popular Noruego, pero nos inclinamos por visitar sólo el segundo.
La travesía en el bus/transbordador 91 dura unos 5 minutos. Entramos sin más en la lancha, nos sentamos y al poco pasó una chica solicitando los billetes. Le mostramos nuestras Oslo Pass, las picó y a partir de ahí tienen una validez de 24 horas. Nos bajamos en la primera parada, Dronningen. Si vuestra opción es visitar el Museo Fram, el Kon-Tiki o el de la Historia Marítima de Noruega, debéis seguir hasta la segunda parada.
Al bajarnos, un paseo por una bonita zona residencial nos llevó en unos 10 minutos a nuestro objetivo: el Museo Popular Noruego o Norsk Folkemuseum. Abre a las 10 y llegamos pocos minutos después de esa hora. Con nuestra Oslo Pass, entramos sin pagar: pasas por taquilla, enseñas la Oslo Pass y ya te dan las entradas. Es un museo fantástico, el museo al aire libre más grande y original de Europa. Os lo recomiendo, muy agradable de visitar. Podréis ver las reconstrucciones de más de 150 edificios procedentes de toda Noruega, que evocan la vida cotidiana en granjas, fiordos, pueblos pesqueros, iglesias…
Hay exposiciones de trajes típicos, artesanía tradicional, talleres, etc. No da tiempo a verlo todo, pero sí lo más importante, dedicándole un mínimo de hora y media. Como ya os dije nos gustó mucho.
Salimos y justo enfrente de la entrada del museo hay una parada de autobús. Allí cogimos el bus nº 30 hasta Olav Kyrres Plass, donde tomamos el nº 20 hasta el Parque Vigeland. Por cierto, un 10 para el transporte público de Oslo: llevábamos un plano con las líneas de autobús y mi marido es un fenómeno orientándose en sitios desconocidos (todo lo contrario que yo), así que como teníamos claro a dónde queríamos ir nos resultó muy fácil, porque además en las marquesinas de las paradas hay información de las líneas indicando a qué hora pasan y en todos los casos se cumplió con precisión pasmosa. En algunas paradas hay una pantalla que indica los minutos que faltan para que pase cada línea. No pagamos nada en ningún autobús, aunque tampoco nos solicitaron nuestra tarjeta. Tened en cuenta que hay que avisar tocando al timbre para que el bus se detenga en vuestra parada, porque si no hay gente esperándolo pasa de largo sin parar. Esto sólo sucede en las zonas de la periferia, por ejemplo entre Bygdoy y el Parque Vigeland, después ya es el centro urbano y hay mucha más gente.
A las 11:45 entramos en el Parque Vigeland, ya con un día de sol radiante. Es precioso, un parque muy original. Como es imposible ver las 212 esculturas con detenimiento, nos conformamos con dar un paseo y hacer un montón de fotos
Salimos del Parque Vigeland a las 12:45 y otra vez tomamos el autobús nº 20, enfrente a la entrada del Parque, donde nos habíamos bajado. Nos bajamos en Majorstuen y allí cogimos el tranvía nº 19, que va al centro. Decidimos bajarnos en la parada del Teatro Nacional (Nationaltheatret) porque queda muy próximo a lo que queríamos visitar: la avenida de Karl Johans Gate, con el Palacio Real (Slottet), el Parlamento (Stortinget), la Universidad. Lo vimos todo por fuera, es una zona muy animada, el corazón de la capital, llena de gente paseando, haciendo compras, turistas.
Con este paseo llegamos a las 13:30 y estábamos cansados, necesitábamos parar para “repostar”, pero tampoco queríamos perder tiempo en comer en un restaurante. Así que la solución rápida fue un Burger King donde dimos cuentas de unas hamburguesas y unas botellas de agua en menos de 30 minutos. Había que seguir la ruta, así es la dura vida del turista…
A continuación, el Ayuntamiento o Radhuset. También es una visita que recomiendo, en este caso no os perdáis el interior, sobre todo la Sala Radhus (la sala de ceremonias donde se entrega anualmente el Premio Nobel de la Paz), la Galería de Gala, el Salón de Banquetes y la Sala Bystyre (donde se reúne la asamblea municipal). La entrada es libre, no hay que pagar. Por cierto, en la planta baja, por donde se accede, hay aseos públicos muy limpios (que siempre se agradecen, yo no me había atrevido a entrar en los del Burger King).
Si os fijáis, estamos de nuevo donde habíamos comenzado la excursión, delante del Ayuntamiento. Veíamos nuestro barco a pocos metros. Pero aún nos faltaba la última etapa de nuestra ruta: el Akershus Slot (Castillo de Akershus), en un emplazamiento espectacular, sobre una colina. Llegamos arriba un poco asfixiados, con 25º (que ya no nos acordábamos de lo que se sentía con esas temperaturas…) y un sol de justicia. En el conjunto hay varios edificios históricos y museos. Entramos a visitar el edificio principal del Castillo, sin pagar gracias a la Oslo Pass, y dimos un breve paseo visitando las salas más significativas
A todo esto eran casi las 15:30. Desde la colina del Castillo descendimos por una escalera de madera que acaba justo en el muelle de cruceros. Aún nos quedaba el trámite de entrar en la estación marítima a recuperar los impuestos de nuestras compras, ya llevábamos cubiertos los impresos de Tax Free que te dan en los establecimientos donde realizas compras. Había bastante gente haciendo esto, pero van rápido y en unos minutos habíamos acabado.
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ROSADELVALLE