... Una vez subido en el bus nº 5, observas como te vas acercando a Venecia, realmente te das cuenta cuando que llegas cuando cruzas el puente de la libertad. Observas el camino marcado por los troncos trípodes que sobresalen del agua, así como los soberbios cruceros que atracan a la derecha, hasta que llegas a la plaza de Roma. En ese momento la humedad es altísima y por lo tanto hace calor, aunque soportable. La vorágine de personas y movimientos levantan un halo de expectación, que no llegas a creerte que realmente estas en suelo de Venecia. Con maletas en mano fuimos caminando hasta nuestro hotel Abazzia, Cruzamos el puente de Calatrava, que ciertamente es un puente de fuerte controversia por ser de líneas y materiales noveles respecto a las antigüedad y nobleza del lugar. Ir con maletas por éste puente fue un suplicio, por sus interminables escalones de subida y bajada. No piensas en los golpes que reciben las maletas porque el tráfico acuático te deja mudo. Los vaporettos son increíbles, con qué rapidez cargan y descargan a los viajeros, primero bajar y después subir. Pasamos por la estación de Santalucía, y enseguida nos introdujimos por un callejón de 2 metros de ancho que desembocaba a nuestro hotel. Lo primero que piensas es que viejos y mal cuidados están los edificios, pero amigo... por dentro cambia la cosa siendo un hotel excelente, limpio, aseado con maderas nobles. Rápidamente nos fuimos a canjear nuestro PNR por los tickets de servicios contratados. Nos dieron unas tarjetas idénticas a los billetes del bus, pero en ésta ocasión nos los habilitaron para las 48 horas contratadas. No necesitas hablar, solo presentas el papel y te facilitan. Además habíamos comprado unos tickets para utilizar los servicios al precio de 2 euros. No recomiendo gastar ese dinero porque la utilización in situ es más económica, 1,50 euros. Además, en cualquier bar que te tomes algo tienes servicios. Habíamos quedado el 29 por la noche en la plaza de San Marcos, así que evitamos verla para llevarnos la misma impresión que el resto de crucerías.
A toro pasado he de decir que amortizamos sobradamente el bono de Vaporettos. Cogimos un Vaporetto el 52 y nos dirigimos a buscar un restaurante recomendado, apeándonos en Zattere. Estaba cerrado y en otros estaban llenos, así que los chavales ya estaban nerviosos y el estomago hacia palmas con los riñones, decidimos ir a buscar un lugar donde vendían pizzas para comerlas de pie tal como hacen los lugareños y que teníamos previamente identificados pero no localizado en la plaza Marguerita, el cansancio y el calor nos hizo sucumbir en una terraza con sombras, fuertemente ofertada por los camareros. El lugar se llama Café Antico Capón Trattoria Pizzeria.
¡¡ Qué acierto!! No hablaré de precios porque no me acuerdo, pero los mejores espaguetis que he comido en vida fueron en esa terraza, espaguetis con bogavante. Y la cerveza cuando hace calor, que bien sienta, afortunadamente no es una cerveza con mucha graduación. Nos propusimos probar en cada destino una cerveza autóctona. Deciros que yo solo hablo inglés de un Apache y que en español te entiende casi todo el mundo. Es un alivio saber que previamente a nuestra visita otros españoles han hecho patria por donde pisamos.
Utilizamos la tarde para pasear hasta la punta de la Salute, continuando hasta el puente de la Academia. Venecia es segura, al menos es la sensación que tengo. Los chavales estaban cansados, así que regresaron al hotel en Vaporetto mientras nosotros continuabamos con nuestra visita. Momento que aprovechamos para dar un paseo en Góndola.
Para mi fue la mejor experiencia de Venecia pasear en góndola. El precio oficial es de 80 Euros, vayan las personas que vayan, es posible regatear. Nosotros fuimos 6 personas nos cobraron 90, queriamos ir por una zona concreta. Nos pidieron 100, pero al final aceptamos con los 90. Es un servicio caro, el paseo duró entre 35 y 40 minutos aproximadamente pero valió la pena, el gondolero chapurreaba español, nos contó un poco por donde pasábamos y lo mejor es que cantó como un angel. Las señoras estaban encantadas. Es un callejeo por zonas que no se pueden patear, hubieron varios momentos especiales, las entradas a hoteles de lujo exclusivas en gondolas o cuando abordamos el gran canal y aparecimos en el puente de Rialto que hasta ese momento no lo habíamos visto. Era Domingo y el gondolero nos comentó que teníamos suerte por que era el mejor momento para pasear. Entre semana hay mucho tráfico marítimo y es menos placentero. Al pesar del pastón lo recomiendo, la sensación es maravillosa. Las mujeres se emocionaron y los hombres nos estabamos frotando las manos.
Continuará…