calamar muchísimas gracias, sin falta me pongo a buscar los ingredientes y empiezo a probar.
Si de paso nos puedes ir indicando la receta de daiquiri...
Esta semana lo tengo crudo para encontrar un rato pues me voy ya mañana hasta el martes pero intentaré el miércoles por la mañana contaros cosillas.
De Tulum poco puedo contar porque tuvimos una buena movida. Llegamos ese día a desayunar y no pudimos hacerlo en la terraza pues llovía. A cualquier cabeza normal se le ocurre bajar al camarote y cambiar bañador por chubasquero. Pues a mí no, y eso que lo llevaba en la maleta (mujer muy previsora habitualmente, en los cruceros me transformo), por lo que nos vamos al punto de encuentro playeros totalmente. Nos indican por los altavoces que hay retraso pero que vienen a buscarnos con ferrys (el ferry tiene capacidad para 500 personas y dentro solo le faltan los cinturones de seguridad). Se anulan varias excursiones pero no la nuestra. Llegamos a Playa del Carmen y nos metemos directamente en el autocar, todo esto por supuesto lloviendo y bastante, pero mi carácter optimista me dice que despejará. Viaje no muy largo, pero sin parar de llover. Llegamos a Tulum y ya teníamos a pie de autocar chiquitos vendiendonos chubasqueros. Nuestro guía consigue "un buen precio" y los compramos. El buen precio son 2'5 dolares por una bolsa de basura sin mangas. Eso sí llevaba gorro. Alguno en el mismo autocar tuvo más suerte y tenían gorro y mangas. Pero como somos muy apañados, nos hacemos unos agujeritos y ya podemos meter los brazos. Descubrimos ya a la vuelta que habíamos tenido "suerte" pues a alguno en otro autocar le habían cobrado 10 dólares por la misma bolsa de basura.
Hay un trenecito que te lleva hasta la misma puerta de las ruinas y los de Pullmantur ni siquiera tuvimos que hacer cola. Pasamos por delante de la gente del lugar, alguien nos comentó que ellos pagan bastante menos con la condición de dejar pasar al turista. No se si es cierto o no, es lo que nos dijeron.
El lugar es de ensueño, el poco tiempo que lo pude disfrutar me dejó impresionada. Lo pudimos disfrutar poquísimo pues se levantó un viento bastante fuerte y a pesar del intento de nuestro guía FERNANDOOOO (desde aquí le mando recuerdos), por continuar, fue totalmente imposible por el diluvio que se nos vino encima. Ya muchísima gente había vuelto al trenecito pero nosotros tercos quisimos llegar hasta arriba para ver la playa donde supuestamente nos teniamos que pegar un baño. El baño nos lo pegamos pero caido del cielo. A duras penas podías mirar hacia abajo de la cantidad de lluvia y el viento que hacía.
Con toda nuestra pena y de acuerdo con el guía teniamos que dar por acabada la visita. Empapados hasta no digo dónde nos refugiamos en un techadito que había esperando al trenecito. Era ilógico esperar a que llegase haciendo cola debajo de la lluvia. Teníamos dos opciones: reir o llorar. Como comprendereis nos dió por reir, llorar por simplezas no tiene sentido. Pues eso hicimos, reir a carcajadas y bailar el Mariachi loco. Prisa no teníamos ninguna: el barco no se iba sin nosotros, por lo que esperamos a que no hubiese cola para subir al tren. Mientras esperabamos una chica mejicana nos dijo que para ellos la lluvia purifica, por lo que nos dimos por bien mojados. Con tanta lluvia tenemos purificación asegurada hasta el día del juicio final. Conseguimos llegar al autocar y como todavía no era la hora que nos había dicho Fernando nos tomamos alguna cosilla para matar el hambre en un centro comercial que hay allí. Precios carísimos. Hay que regatear y como a mi eso de tira y afloja no me gusta, poca cosa compré. Llegamos a Playa del Carmen y ya había dejado de llover por lo que con el tiempo libre que teníamos miramos tiendas procurando no estar demasiado tiempo dentro de ellas pues empapados como íbamos no era plan de estar cerca del aire acondicionado.
Lo del ahorita no es broma. Es necesario cambiar el chip para estar allí. Se nos ocurrió pedir unos perritos calientes antes de subir al ferry, ya que teníamos frío por lo menos llevar la barriga llena, y para calentar una salchicha tardaron unos 20 minutos. Nosotros estabamos de los nervios por perder el ferry pero la chica no hacía más que preguntarnos si no queríamos mayonesa o tomate con la maldita salchicha.
Nos montamos en el ferry y empieza la aventura. El ferry iba bastante lleno y tuvimos que sentarnos arriba y al descubierto. El mar estaba un poco enfadado y hacía que el barquito pegase unos buenos saltos. Si habeis ido a Port Aventura, más o menos como las atracciones de agua. Ahora mirabas a tu derecha y veías el mar a dos palmos. Ahora miraba hacia delante y veías la ola pasar por encima. Os digo y YA EN SERIO, que peligro no había. Son barcos muy seguros que hacen ese recorrido todos los días del año y varias veces al día y no pasa nada. Hasta una camarera del ferry bailaba mientras te repartía las bolsas para devolver en caso de mareo. Hubo algún ataque de pánico pero la cosa no pasó de ahí.
Nos llevaron a un embarcadero cerca del Holiday pero volvía a llover a mares y en dos metros te volvías a quedar empapadito (supponiendo que la ropa admitiera más agua). Yo temblaba tanto de frío que no podía ni sacar la tarjeta magnética que hay que presentar para entrar al barco. Lo último ya fué la cola que se formó debajo de esa gran tormenta para poder pasar la tarjeta. Desde tierra se oía gritar: Sinverguenza, .... Cuando por fín llegué a entregar mi tarjeta, vi de donde venían los gritos. El capitán estaba a la entrada del barco "recibiendo" al pasaje y los gritos eran cruceristas enfadados por no anular la excursión y "poner en peligro nuestras vidas). Tuvimos que presentar tarjeta y pasar el bolso por el escaner por lo que se formaba una cola increible en la pasarela.
Nosotros pasamos de largo, nos fuimos al camarote y después de una buena ducha con agua calentita nos fuimos al Panorama a comer algo más. Luego cafecito en el bar de la esquina (Harry's) a charlar un rato con nuestro amigo Miguel de Honduras (desde aquí un beso muy fuerte) mientras veíamos las colas de gente que iba al mostrador de ls excursiones a reclamar a grito pelado. Nosotros tranquilamente pedimos nuestro impreso, lo rellenamos y lo entregamos.
Mi reclamación personal: ya que se habían anulado todas las demás excursiones por el mal tiempo, no hubiera estado de más dar la opción a los que habíamos contratado la excursión de Tulum de elegir libremente quedarnos en el barco o no. YO HUBIERA IDO A PESAR DE TODO. Pero me hubiera gustado tener la opción. Y recomendé además que en caso de lluvia pongan las máquinas de las tarjetas (que son móviles)en la otra punta de la sala, para poder hacer la cola dentro del barco y no bajo la lluvia. Simplemente poniendo esas cintas rojas para que la gente no se amotine al hacer la cola.
El reproche que yo me hago: tengo que estar bien tonta para llevarme desde Girona un chubasquero, ver que está lloviendo y ponerme un bikini, un pantalón corto y una camiseta de tirantes y nada más. Que ellos sabían que iba a llover, pues claro, también lo sabía yo que lo estaba viendo. Saber la intensidad de la lluvia ya es más difícil. Se puede preveer un huracán pero no los litros de agua que van a caer. Aquí ahora mismo está lloviendo, tardo 10 minutos de mi trabajo a mi casa y he cogido mi coche para llegar a casa. Me podía haber caído granizo como ayer que cayó durante medio minuto y muy fuerte, pues estaba muy oscuro, pero no me voy a quedar en la oficina esperarando a ver que pasa. He cogido mi coche, me he metido en la carretera y se cae fuerte ya pararé.
Y esta es la historia. Lo recuerdo ahora y todavía me entra la risa, pero como estoy muy purificada... que más dará. Estaba de vacaciones y ahora ya estoy trabajando. ¿Me voy a poner a llorar? Pues no, mejor me acuerdo del viaje y me río.
Y Tulum, precioso, debe ser una maravilla bañarse en aquella playa viendo allá arriba las ruinas. Otra vez será.
Y ya no tengo más tiempo y tengo que irme. La semana que viene espero contaros más.
A los que teneis que ir de crucero todavía os recomiendo que disfruteis de cada segundo al máximo y no os preocupeis por los problemas. Todo tiene solución en esta vida menos la muerte. Y os aseguro que un crucero vale la pena.
Hasta la semana que viene, no escribais mucho que no tengo forma luego de ponerme al día.
Pepa