Puesta de sol desde la cubierta 11 al zarpar desde dubrovnik
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Desde popa el mistral no vuela sino corta el mar, cual velero bergantin. Vista de la salida de dubrovnik. El sol ya estaba rojo a nuestra derecha.
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continuo con mi relato...
Llegamos a Heraklion. Un bus lanzadera nos acercó desde el punto de atraque hasta la Terminal de puerto. La ciudad parecía bulliciosa, enseguida nos pusimos a las órdenes de nuestro canciller para asuntos de Creta el cual nos guió hasta la estación de autobuses. Teníamos que coger el bus nº 2. El transporte terrestre deja mucho que desear. Había una especie de kiosco donde se vendían los tickets. Era lamentable ver la cola de españoles esperando para comprar los billetes y el paisano mirando un papel cuadriculado, atendiendo el teléfono, concentrado en lo suyo. Finalmente compramos 2 billetes uno para la ida y otro para la vuelta. Y tal como hacen empresas bananeras hasta que no se llenó el autobús no salimos.
Tardamos aprox. 20 minutos en llegar a las knossos. Otra cola para adquirir entradas. No existen guías ni audífonos para españoles. Menos más que nosotros teníamos al gran maestre que nos explicando las distintas cotas del complejo.
A priori, miré el lugar que eligieron para construir el palacio. Tierra de color amarillenta le da un aspecto árido, pero los pinos y los llameantes cipreses rodeaban el recinto. Imagino que hace así 4000 años tendría otro aspecto. La restauración del recinto es todavía pobre. A mi me impresionó el nivel arquitectónico, las columnas pintadas y los frescos. De entre ellos, están los famosos delfines, hace 4000 años pintaron unos delfines que hoy en día es un dibujo simbólico del egeo. El palacio debió ser espectacular. Se observan los alcantarillados, las pilas de agua, los almacenes con unas tinajas enormes. Tal vez haya personas que solo vean piedras viejas y ruinas, pero estábamos pisando historia y mitología. Estábamos entre los restos de un palacio, que en su día fue enorme, donde hombres y mujeres vivieron y murieron al amparo de esas piedras. Dicen que el palacio era tan grande y con tantas habitaciones que realmente era un laberinto y quizá de ésta particularidad fuese uno del los condimentos para crear el mito del laberinto. En el tiempo en que los Hititas dominaban Egipto, los cretenses ya tenían fama de ser grandes pintores. Observando las pinturas que decoran las paredes te haces una idea de cómo debían ser. De tez morena, con el torso descubierto y faldón ligero, la cerámica debía ser rica tanto en colores como en formas. En el salón del reino me resulto curioso un animal con cuerpo de león y cabeza de ave, pero un ave de rasgos femeninos. Y por supuesto la sala de los delfines, que tienen el aspecto de ser seres domesticados, casi con un antifaz. A partir de ahí comprendí los dibujos de un barco que estaba atracado en el puerto y que simulaba en el casco la decoración del delfín, que acabamos de contemplar. El Aidablu.
Nos gustó la visita aunque el calor era fortísimo por la humedad. Regresamos en el bus, hasta la ciudad y aprovechamos para refrescarnos con la cerveza de rigor. Nuestro guía nos llevó hasta la catedral de St. Minas. La segunda guerra mundial, también es recordada, porque vimos en un lateral de la catedral, una bomba simulando la congelación de bombardeo, a escasos centímetros del suelo; seguramente en la operación Merkur en la que Alemania invadió Creta.
La catedral ortodoxa es preciosa, con un colorido vivo y una marquetería cuidada. Realmente al entrar te sentías bien. También me llamó la atención que al lado de la catedral hubiese una pequeña iglesia, de un porte desigual, pero que en conjunto le da un aspecto que nunca había visto.
Heraclion valió la pena y le sacamos jugo.
Amanecimos en la caldera de Santorini. Nos habían avisado que las excursiones del barco bajarían primero. Yo estaba nervioso, porque el tiempo lo teníamos justo. En el borsalino repartían los números para subir a los tenders. No aceptaban recoger números para familias enteras. Las pegatinas las ponían a las personas una a una. Las excursiones del barco ya habían salido, pero el barco no se movió del sitio, nos comentaron que haría una parada técnica pero nanay de la china.
En la caldera estaban atracados 2 cruceros más. Nada más aparecer por la escalerilla que desciende a la plataforma de embarque al tender, las vista te sobrecoge, te sientes minúsculo cuando piensas que hace miles de años, tal vez en la época en la que Moisés intentaba negociar con el faraón la liberación del pueblo judío, se produjo en ése mismo lugar una explosión descomunal, capaz de arrancar de una dentellada mortal, la mayor parte de la isla. Pude distinguir claramente la roca volcánica, negra y agreste al mismo tiempo, bella en una palabra. Al acercarnos al puerto viejo, los nervios los tenía a flor de piel. La mitad de los pikaros habían iniciado el ascenso en el funicular. No sabía si estábamos todos para poder iniciar la excursión. De reojo, observé el mar azul turquesa y cristalino, todavía en sombras porque el sol no había superado el cenit del acantilado.
Con los tickets que nos facilitaron los cambiamos por otros en la taquilla para ascender hasta Thira. El funicular es rápido y por más que lo intenté no pude hacer ninguna fotografía. Me fue imposible siempre se estaba moviendo la cesta. Por suerte el traslado duró un par de minutos. Durante el ascenso te das cuenta de la magnitud del desnivel, una pared de trescientos metros.
Realizamos el recuento de personas y tras un breve susto, comprobamos que estábamos todos. Iniciamos el recorrido por una calle estrecha y ligeramente inclinada, por supuesto siempre los excrementos de burro por doquier.
Llegamos al autobús desde donde iniciamos un recorrido panorámico hasta llegar a IA. Qué espectáculo de luz, colores intensos y puros. Blanco, azul celeste, azul marino, gris. Y lo que yo he bautizado como azul IA. Las casas están agarradas al precipicio entre escaleras sinuosas y callejuelas pavimentadas en piedras. Las vistas no tienen parangón. El aire es puro, pero el calor también, con solera como diríamos nosotros. Es una pena que sólo disfrutásemos del lugar unos minutos, porque realmente es un paraíso. Las vistas del mar son relajantes y fascinantes, a pesar que tuvimos un día con cierta bruma. Pudimos ver varios hotelitos que debían ser maravillosos.
En IA compramos unos pistachos buenísimos y nos bebimos una cervecita fresquita que nos dejó templados. Regresamos por otra ruta, observando la orilla oriental de la isla, en ese lado el descenso hasta el nivel del mar es paulatino pero con una pendiente importante. El bus nos paró antes de llegar a Thira, y realizamos un paseo por el borde del acantilado a través de una calle panorámica, realmente impresionante. Es curioso que todas las casas tienen su pequeña capilla dedicada en agradecimiento por el regreso de los pescadores después de días de trabajo.
La arquitectura es cuanto menos singular con unos techos de medio cilindro, que tienen la misión antisísmica. En una de las casas robé unas fotos de unos muebles realizados con madera de olivo, de gran belleza e ingenio, aprovechando los caprichos de la naturaleza.
Vimos la piscina del hotel Anteliz. Simplemente es un hotel de lujo en un lugar de ensueño. Si alguien tiene cataratas le recomiendo que primero vaya a Santorini. Es el Santuario de la vista.
No nos dio tiempo ha realizar compras ni ver Thira, había una cola enorme para descender en el funicular. Decidimos bajar andando, menuda burrada hicimos, las revueltas no se acaban nunca, los burros olían fatal, pero al momento dejas de oler. Lo curioso es cuando ves el descenso o ascenso de los burros cargados, ¡que estampa!. Y lo que más me llamó la atención fueron los arrieros, personas envejecidas de rostros duros y curtidos por el sol, vestidos como generaciones anteriores a la nuestra de la España profunda.
Una vez en el barco con una cervecita en la mano, nos despedimos de Santorini rumbo a Mikonos.
Continuare…