Abril 25, 2026

HISTORIAS DE CUCRECO

10 Nov 2011 17:43 #1515370 por CUCRECO
Respuesta de CUCRECO sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
El tercer día llegamos a la primera escala. Como había que ir a un sitio alejado del puerto, decidimos apuntarnos a la excursión con la naviera…

TERCER DÍA: PRIMERA ESCALA, EXCURSIÓN CON LA NAVIERA

El tercer día pensé que todavía estaba en el curro,
porque la parienta me hizo pegarme un madrugón,
con la finalidad de entrar los primeros en el salón
y poder desayunar como si fuéramos unos burros.
Luego en el camarote resolví la compleja ecuación:
para poder acicalarse era imprescindible madrugar,
necesitaba ir al retrete y tener tiempo para fumar,
lo de “hincharse”: por si se alargaba la excursión.

Intentaron colocarme otra pegatina con un número
y pensé que eso era más cachondeo y recochineo,
después, creyendo que podría tratarse de un sorteo
la coloqué en mi pecho con sumo cuidado y esmero.
Mi gozo en un pozo: no nos tocó nada en la tómbola,
sólo era para ir a juego con el mismo número del autocar
y con una pala alta, que la guía no hacía más que menear
para poder llevarnos, como manada de borregos, a su bola.

Después de un rato de largas parrafadas en inglés,
nos dejaron bajar durante cinco míseros minutos,
momento éste que aproveché para darme el gusto
de mear, usando la bragueta de mi pantalón tirolés.
Pero me pasé el rato pegando saltos en una larga cola,
tratando inútilmente que no se me escapara el punto,
mientras que el de atrás, que no sé de dónde era oriundo,
arrimaba lo que podía a mi culo, su “botella de coca-cola”.

Después nos soltaron en una zona de interés cultural,
pero resultó que allí estaba, del barco, todo el mundo,
y además otros miles de pasajeros, que en su conjunto,
procedían de otros 3 cucrecos que acababan de atracar.
Pasó que a todos nos llevaron a la vez, a la misma zona,
formando una pelotera de gente y un tremendo tumulto,
que me impidió sacar fotos de la parienta, y para mi disgusto,
retraté la espalda de un portugués y el trasero de una teutona.

Para terminar la visita nos llevaron a una tienda de ceniceros,
baratijas, artículos de recuerdo y jarrones parecidos a botijos,
donde la parienta se peleó por un magnético para el frigorífico
con una americana cuyo marido me metió en el ojo dos dedos.
Así, entre el parche de nacimiento y con el otro ojo malherido,
terminé lo que quedaba de excursión sin ver ni una mierda*
y jurándome no volver a pisotear jamás una maldita tienda
que no esté incluida como atracción turística en el recorrido.

(*)Perdón por el taco, pero lo exige la rima.


Cuando al fin volvimos al barco tomé la decisión sibilina
de hacer las excursiones que quedaban por mi cuenta,
y, tengo que decir, que en esto sí me apoyó la parienta,
en parte, porque no tenía fotos para fardar con la vecina.
No sé si me dolió más que me cobraran 90 euros del ala
por escuchar un discurso en inglés de una guía italiana,
no ver nada y darme un paseo en autocar por la mañana,
o que al final, se quedara con el puñetero pin la americana.





Moraleja del tercer día: Es mejor ir a tu bola y siempre en sentido contrario al recorrido que van a hacer los de las excursiones, para evitar el tráfico. Si, por el contrario, decides hacer la excursión con la naviera, procura “evacuar” antes de salir. Y, sobre todo, nunca, nunca, pero nunca, nunca te pelees por un miserable pin para la nevera (a menos que esté en juego el divorcio con la parienta).
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14 Nov 2011 19:38 - 14 Nov 2011 19:50 #1516724 por CUCRECO
Respuesta de CUCRECO sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
Mucha gente se suele preguntar… ¿Por qué tenemos que pagar propinas en los cucrecos? Pues, es muy sencillo… leed lo que me pasó a mí por culpa de las propinas…

CUARTO DÍA: POR CULPA DE LAS PROPINAS…

El cuarto día llegamos a la segunda escala a una hora vespertina,
y no sé si fue realmente porque era el día número trece del mes,
pero, las cosas empezaron a ir mal desde que me pedí dos cafés:
y me los cobraron a precio de cubata, con un 15% más de propina.
Firmé el ticket de la cuenta y me despisté pensando que eran gratis,
porque a la propina le llaman “gratuity” en el idioma de “Chespir”,*
y encima un inglés regordete se rió de mí diciendo que no era “fri”,**
por lo que el cabreo aumentó exponencialmente, provocándome colitis.

*Chespir: para los cultos “Shakespeare” (lo he buscado en una enciclopedia).
**Fri: Se escribe “Free” (Traducción del Diccionario Inglés-Español: “gratis”).

Como ya estabamos a punto de desembarcar, sé que importaba un guano
pedirle a la parienta volver al camarote para cambiar de calzoncillos,
aunque dijera que, por la colitis diarreica, tenía una plasta de pepinillos
que me estaba provocando escozor y picores por los genitales y el ano.
Como la excursión era por nuestra cuenta, no llevábamos transporte,
por lo que, dadas las circunstancias y para evitar males mucho mayores,
decidí que andaría todo el rato con las piernas más abiertas que las flores,
e intentando no sentarme, para evitar ensuciar la cartera y el pasaporte.

Así, de esta manera, me recorrí todas las callejuelas de la bella isla griega,
sorteando todas las dificultades que puso la parienta, con maña y agudeza:
si se sentaba en un bar, me mantenía de pie para hacerle fotos a la cerveza,
si lo hacía en la acera, yo me quedaba más tieso que una estatua palaciega.
Con todo eso de andar con las piernas tan separadas, “la cosa” fue aflojando,
por lo que una parte de aquel liquidillo pepinero resbaló por la entrepierna,
tratando de buscar salida hacia el suelo escurriéndose por la parte interna;
cuando por fin tomó tierra, disimulé todo lo que pude, saltando y bailando.

A raíz de haber perdido su parte líquida, “la cosa” se fue resecando rápido,
así que, a mitad de la jornada, ya pude caminar con mucha más presteza,
aunque, a partir de entonces, una idea empezó a retumbarme en la cabeza:
¿Por qué los que pasaban por mi lado esnifaban la nariz y ponían el gesto torcido?
Tardé tres calles, cuatro tiendas de souvenires y visitar dos estatuas locales,
en comprender que era a mí a quien seguía la turba de moscas y el tábano,
pero, al final, parado en una esquina, me decidí a olisquear el aire cercano,
y, de súbito, un nauseabundo hedor parecido a cuando se escapa el butano,
penetró, sin piedad y con firmeza, hasta lo más profundo de mis fosas nasales.

La humedad había ido debilitando sobremanera las costuras de mis pantalones,
mas, pensando en el aroma que me rodeaba, no me había dado cuenta de ese dato,
así que, en una de esas, al agacharme para atar el cordón de uno de mis zapatos,
se me hizo una raja a lo largo del trasero, que provocó que enseñara los espolones.*
En vista del paupérrimo estado en el que me encontraba y acabada ya la jornada,
decidimos la parienta y yo, en un “entente cordiale”, dar por finalizada aquella visita,
no sin antes degustar, en una terraza muy turística, una cerveza excelente y exquisita,
aunque el dueño cerró la puerta del bar y el camarero nos la sirvió con la nariz tapada.

*Hubiese quedado mejor… “..jones”, pero me enseñaron en la escuela que no hay que decir tacos.

De regreso al barco me hice el propósito de pagar las propinas sin rechistar,
y procuraba que ninguna cosa del cucreco me alterara o violentara el ánimo;
así comenzó mi firma de cuentas que cargaban “gratuity” con aire magnánimo,
y mi afición por rociarme con litros de colonia barata poco antes de desembarcar.
Esa tarde, por fin le encontré la utilidad a la bolsa que dejaban para la lavandería,
porque metí los calzoncillos más tiesos y arrugaos que los pelos de un estropajo,
y regresaron limpios como una patena, con una nota que decía “menudo tiznajo”,
aunque, desde ese día, la bolsa de nuestro camarote la dejaron siempre “escondía”.





Moraleja del cuarto día: No te quejes de las propinas… ¡Joder, si estás de vacaciones! Paga las facturas con alegría y jovialidad, que hoy puede ser una colitis diarreica y mañana una úlcera gastroduodenal…
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15 Nov 2011 06:28 #1516864 por ruben
Respuesta de ruben sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
que bueno.. jajajajaj que pena que esto se acabe... jaja

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15 Nov 2011 13:26 #1517037 por CUCRECO
Respuesta de CUCRECO sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
¡Hombre Ruben... todavía me quedan 9 días por contar! ¿A ver si te crees que lo que he contado hasta ahora fue lo único raro que me pasó? Me alegro de que te esté gustando mi historia (por cierto, real como la vida misma, aunque Calderón de la Barca ya lo decía: a veces la vida es un sueño... ¿O fue Chespir?

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16 Nov 2011 00:00 #1517464 por ruben
Respuesta de ruben sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
ahhhhhhhhhh, ok, espero impaciente tus vivencias..

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18 Nov 2011 19:21 #1518698 por CUCRECO
Respuesta de CUCRECO sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
El quinto día tocaba navegación entre la isla de Corfú y Estambul. Así que la parienta y yo aprovechamos para hacer cosas por separado…


QUINTO DÍA: ATRACCIÓN FATAL

El quinto día por la mañana disfruté más que un crío de 7 años en la feria,
porque me dediqué a algo que, desde que entré en el barco, hacer quería,
por eso, aproveché que la parienta se largó toda la mañana a la peluquería,
para idear, planear, comprobar, verificar, asegurar y poder entrar en materia.
En cuanto ella salió por la puerta, cerré el camarote por dentro a cal y canto,
y me dirigí con presteza y, sin demora, al interior de nuestro cuarto de baño;
levanté, a continuación, la tapa del váter, y pensé en aquel hecho tan extraño
que me inquietaba de una manera tan peculiar y que, a la vez, me atraía tanto.

De niño, tirar de la cadena después de cagar, era una experiencia reveladora,
ya que gozaba viendo como el agua del depósito salía empujando el “chorizo”,
pero el retrete del barco había cambiado mi esquema mental como un hechizo,
porque ahora, no lo empujaba, sino que lo absorbía como una vulgar aspiradora.
Así que, como me moría de ganas por probar aquella desconocida nueva emoción,
me senté en la taza, apreté el botón, y noté como el agua me absorbía para dentro,
¡Dios… qué alucinante sensación! Me quedé extasiado y con el culo tan contento…
que no pude refrenarme y, como si fuese una droga, repetí muchas veces la operación.

Tal fue la succión que, al final, sólo me asomaban los pies, las manos y la cabeza,
por lo que, para poder salir, tiré con todas mis fuerzas de los extremos de una toalla,
después de atarla al portarrollos del papel higiénico como si se tratara de una valla,
y terminar, del susto del impulso, con los genitales más pequeños que dos cerezas.
Aunque logré salir entero y de una pieza, terminé con el culo como un tomate, rojete,
más, la situación, en lugar de amedrentarme, me provocó un ataque de risa tan severo,
que mientras reía a carcajada limpia, apreté sin querer el botón de la cadena de nuevo,
a la vez que abría frenéticamente la boca, cayéndoseme la dentadura postiza al retrete.

Sin pensarlo dos veces y con el morro arrugado, metí la mano por el estrecho orificio,
intentando agarrar los piños, pero, después de palpar el agujero, no encontré ni rastro,
así que, un temor repentino vino a mi mente, como a un actor que se mea en el teatro:
¿Cómo explicarle a la parienta cómo había perdido la dentadura, sin sacarla de quicio?
Di mil vueltas en pelotas por el camarote procurando pensar en una coartada original,
cavilando, de un lado para otro sin dejar de andar, nervioso, y como un cerdo sudando,
más como, desde que me reconozco, siempre he tenido el feo vicio de pensar hablando
y la boca me silbaba al pronunciar, no era capaz de poder decir algo que fuera racional.

De repente, se me iluminó la bombilla: ¿Reciclarían en el barco las aguas fecales?
Era evidente que, si lo hacían, irían a parar a una de las piscinas. Pisé el acelerador,
cogí las chancletas playeras, me puse el bañador, las aletas, la careta y el respirador,
aunque este último tuve que sujetarlo con las encías, provocándome llagas bucales.
De esta guisa, me recorrí las tres piscinas: En la infantil entré en estado total de alerta,
porque unos repelentes críos se dedicaron todo el tiempo a querer bajarme el calzón,
así que, cuando me harté de pelearme con ellos, a uno quise pegarle un buen pescozón,
pero me vio su robusto padre y estuvo blasfemando detrás de mí por toda la cubierta.

En las calientes aguas de la piscina del solárium, me las tuve que ver con una anciana,
que se me arrimaba mucho diciéndome que tenía más músculos que Tarzán y Sandokan,
y que si fuera su gemela, que era tres días más joven, me comería como si yo fuera pan;
al final, me escurrí diciéndole que tenía una amigo (Pepe) y que fuera a por su hermana.
En la exterior no tuve problemas y pude recorrerla catorce veces a lo largo y a lo ancho,
ya que el agua estaba tan helada que nadie se atrevía a bañarse ni con traje de neopreno;
más cuando salí a flote, noté que había atraído la atención de un alemán, un esloveno,
dos rusos, un inglés y dos americanas que dijeron aquello de: “typical spanish macho”.

Cuando regresé chorreando y sin resultados al camarote, la parienta ya había vuelto,
que se llevó un buen susto al verme entrar aterido de frío, disfrazado de hombre rana,
con la boca arrugada sin la dentadura y asomando por el pubis una corta melena cana;
aunque mayor fue la sorpresa cuando, detrás de mí, distinguió a dos gemelas ancianas
preguntando por mi gran amigo Pepe, el cual hacía más de dos años que había muerto.
Tanto temor que tenía por lo que diría, y la pérdida de mis piños le importó un pimiento,
sin embargo, se pasó todo lo que quedaba del día con un alargado y desagradable morro,
y lo gracioso es que no fue por el dinero que yo debería pagarle al protésico por ceporro,
sino por haberme ido a tres piscinas sin ella y no tener ninguna clase de remordimiento.





Moraleja del quinto día: Disfruta de los eventos y “facilities” del barco (se pronuncia “/fəˈsɪlətis/” y para que no lo busquéis en el diccionario: “instalaciones” –me lo dijo un americano-), que para eso están, en lugar de hacer cosas extrañas siguiendo el dicho de “cuando el diablo no tienen nada que hacer, con el rabo mata moscas”. De todas formas, tengo ganas de hacer un cucreco por el hemisferio sur… me han dicho que el váter también absorbe, pero que el agua circula hacia el lado contrario… ¿o era el agua del lavabo…?
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18 Nov 2011 22:44 #1518764 por cbermu
Respuesta de cbermu sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
Crucreco eres un artista pero parece que los crucrecos no es lo tuyo pero parece que a la parienta si le van con lo cual lo tienes crudo, de verdad muy buen relato.

Fiordos Costa Marina
Mediterraneo Costa Concordia
Islas Griegas Costa Victoria
Mediterraneo Costa Magica
Caribe Barcelona Costa Atlantica
Nueva York Copenaghe Costa Atlantica
La ruta de los mercantes Costa Deliziosa
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Malaga,Lisboa, Gibraltar,Malaga.Adventure of the seas...
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20 Nov 2011 13:19 #1519128 por CUCRECO
Respuesta de CUCRECO sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
¡Hola Cbermu...! Me parece que te equivocas: ¡Me encanta cucrear...! Pero ¿qué sería un cucreco si no pasaran cosas interesantes, aunque sean negativas? No tendría emoción, aliciente... ¡Sería muy aburrido! Normalmente está uno de vacaciones y te suele pasar lo que no te sucede en la vida diaria... bueno, aunque a mí también me suceden cosas extrañas normalemente... Por otra parte, me pone muy contento que digas que te ha gustado mi relato, porque eso es lo importante de las historias, que sirvan para entretener y divertirse. Si logro eso, me siento muy satisfecho. Gracias.
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25 Nov 2011 19:47 - 25 Nov 2011 20:05 #1520958 por CUCRECO
Respuesta de CUCRECO sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
El sexto día llegamos a Estambul. Dos días lloviendo sin parar… con unas nubes tremendas que parecía más bien Londres. En fin, lo que sigue es lo que sucedió el primer día:

SEXTO DIA: EL LUGAR QUE LOS HOMBRES NO QUEREMOS VISITAR

No sé cómo se lo montó la parienta para hacer que lloviera en Estambul…
pero la verdad es que estuvo los dos días cayendo sin parar y con un frío…,
por eso, en cuanto salí al exterior y vi el agua, me entró un cruel escalofrío,
me empezaron a temblar las piernas, y se me puso el semblante de color azul.
Ya sabía lo que me iba a suceder ese día si seguía haciendo mala meteorología,
por lo que planeé mil tretas y, para conseguir zafarme, otros tantos argumentos
que fueran ingeniosos, para que la parienta no tuviera esos arranques violentos,
y me pasara largas temporadas con placeres solitarios como castigo a mi osadía.

Aunque nunca había estado allí, y tampoco le echó nunca ni un vistazo al plano,
ella supo llegar sin pérdida al lugar que yo temía más que a una mancha de tintero,
y lo peor de todo es que me hizo hacer el trayecto caminando y sin chubasquero,
porque decía que necesitaba para otras cosas más importantes el dinero otomano.
Yo tenía gran interés en ver la Mezquita Azul, la Cisterna, Topkapi y Santa Sofía,
pero, después de largo trecho y empapados, por supuesto, llegamos al Gran Bazar,
lugar elegido por la parienta para pasarse el día dedicada en exclusiva a comprar,
mientras yo me aburría, como un gilipollas, sin poder ir al bar a beber cerveza fría.

Al llegar, empezó a comprar relojes y bolsos de imitación como una desaforada,
con un desenfreno tal, que al poco rato, temiendo que se le acabara todo el dinero,
me envió a cambiar, en liras turcas, algunos euros de los que había en mi billetero,
y me increpó que volviera con rapidez, antes de que le quitaran un bolso de Prada.
Empecé a correr a toda leche bajo la lluvia, saltando charcos y esquivando paraguas,
hasta que mi pie derecho se posó sobre un “plástico” de alguien que tuvo un gatillazo,
lo que provocó que resbalara y volara por los aires, pegándome un tremendo morrazo,
que me pringó de barro las manos, la cara y, como caí con la boca abierta, la lengua.

Todos se partieron de risa, por lo que deduje que los turcos tienen sentido del humor;
después, me limpié como pude y le compré un engendro de chubasquero a un turco,
que, sin duda, me timó: me cobró 10 € y al minuto ya le vi al impermeable un surco
que, cuando conseguí llegar a la casa de cambio, ya se había extendido como un tumor.
Cuando regresé al Gran Bazar con los zapatos llenos de agua y algunas Liras frescas,
la parienta ya tenía apalabrados cuatro bolsos, así que me envió a cambiar más moneda
y, así me pasé toda la mañana: yendo y viniendo hasta agotar completamente la cartera,
sin poder ver ningún monumento, o al menos visitar alguna zona de las más pintorescas.

Mi ocasión se presentó cuando se agotó el peculio y nos quedaba un euro con ochenta,
así que no tuvo otra que regatear por un imán, por el que pedían 2 €, para el frigorífico.
De esta manera, se engrescó a discutir con el mercader turco, que en esto era magnífico,
y yo aproveché la coyuntura del tira y afloja para pirarme sin que se enterara la parienta.
Conociéndola, sabía que había pagado por los bolsos y relojes lo que no está escrito,
pero, cuando se trataba de porfiar por 20 miserables céntimos, era capaz de dar la vida,
así que sabía que tenía, por lo menos, el tiempo suficiente para tomar algo de comida,
recrearme haciendo un poco de “sightseeing“*, o tomar algo fresco en un chiringuito.

Como no llevaba un duro, hice dos horas de cola para poder visitar la Mezquita Azul,
después saqué dinero de un cajero y tras tomarme 4 kebabs y dos coca-colas en lata,
salí cuando ya estaba anocheciendo de visitar la Cisterna Basílica y la Torre Gálata,
tratando de taparme de la lluvia con los cuatro trozos que quedaban del chubasquero ful.
Habían pasado cuatro horas desde que dejé a la parienta discutiendo con el vendedor,
mas, desde la entrada del Gran Bazar, ya oí que aún estaba regateando en plan cicatero,
así que me puse a su lado, como si nunca me hubiese ausentado de detrás de su pandero,
y me dejé mostrar, asintiendo y dándole la razón, para luego de un polvo ser merecedor.

Al final, el turco le rebajó los 20 céntimos llamándola “mujera cabezona avarienta”,
cuando vio que estaba dispuesta a quedarse allí aunque cerraran las puertas del Bazar,
y la parienta se quedó orgullosa y satisfecha con el precio que consiguió por el imán,
hasta que dos pasajes más abajo descubrió que los vendían a dos por euro cincuenta.
Volvió al barco más cabreada que una mona y quemada como la punta de un soplete,
tras rescatar de un contenedor de basura un mini paraguas transparente lleno de rotos,
mientras yo cargaba con tropecientos bolsos falsos, más otros tantos relojes ignotos,
y pensando que, por descontado, esa noche me quedaba seguro sin pegar el casquete.





Moraleja del sexto día: Si vas a un cucreco con parienta, ya sabes que una parte muy importante del viaje son las compras. De lo que sea…, pero compras. Así que no te enfades, tómatelo con calma y busca la manera de pasártelo lo mejor posible. Hasta de comprar se disfruta. Y si ha comprado tantos bolsos que no caben en el camarote, siempre es un buen momento para convencerla de experimentar ciertas cosas en otros lugares… (por ejemplo encima de la mesa de billar que se auto-regula con el movimiento del mar). ¡Ah, se me olvidaba… y después no tires el “plástico” al suelo!

*Sightseeing: hacer turismo (lo busqué en el diccionario, como siempre)
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25 Nov 2011 21:48 #1520981 por cbermu
Respuesta de cbermu sobre el tema Re: HISTORIAS DE CUCRECO
Hostras tio que sexto dia mas guay yo siempre digo que cuando salgo con la parienta me paso el dia esperando ,evidentemente mientras compra ,y miran y miran .

Fiordos Costa Marina
Mediterraneo Costa Concordia
Islas Griegas Costa Victoria
Mediterraneo Costa Magica
Caribe Barcelona Costa Atlantica
Nueva York Copenaghe Costa Atlantica
La ruta de los mercantes Costa Deliziosa
Mediterraneo Costa Marina
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