15 de Julio: BERGEN
Por fin hoy empezamos el día con un poco más de calma, no teníamos cita a las 8 para salir de excursión. De verdad que los niños ya lo agradecieron. Aún así, salimos del barco a las 9:45, después de un tranquilo desayuno viendo el puerto en una mañana muy gris. Bergen es una pintoresca ciudad, que es visitada cada año por miles de turistas, como puerta de entrada a la región de los fiordos. El plan era visitar la ciudad por nuestra cuenta, teníamos claro lo que queríamos ver: funicular, las casitas del puerto y el mercado de pescado. Así que allá nos fuimos. Por cierto, para mí esta es sin duda la mejor escala para compras.
En un agradable paseo por el puerto y las famosas casitas de madera, conservadas como un verdadero tesoro, llegamos a la estación donde se coge el funicular (Floibanen). En ese momento, las 10:15, no había demasiada gente. En el acceso hay un “contador” para ir contabilizando las personas que entran, cuando se agotan las plazas que tiene el trenecito (100) se cierra el acceso y tienes que esperar el siguiente tren (circulan cada 15 minutos). En nuestro caso, nos tocó enseguida. Es un ascenso muy bonito, en menos de 5 minutos te lleva a la cima de Floyen, a 320 metros sobre el nivel del mar, donde hay un mirador desde el que se disfruta una panorámica fantástica de la ciudad y sus alrededores. Si tenéis suerte y el día está soleado, pues mucho mejor. En nuestro caso no fue así, era una mañana gris, fresquita y con alguna llovizna ocasional. Aún así nos gustó mucho.
Hay también restaurante, cafetería, tienda de souvenirs y un parque infantil, donde aprovechamos para que nuestra hija de 4 años disfrutara de un ratito de diversión. Cerca hay un pequeño bosque con figuras de madera.
La zona es punto de partida de rutas de senderismo y excursiones, por ejemplo hay mucha gente que sube en funicular y baja a la ciudad paseando.
Os pongo los precios: billete de ida y vuelta para adultos, 70 NOK. Niños (4-15 años), 35 NOK.
Cuando bajamos, a las 11:30, había mucha más gente para subir.
A continuación, fuimos al famoso mercado del pescado. Es tal cual lo habíamos leído en las experiencias de otros cruceristas del foro. Muy animado y con mucho ambiente español, pero mucho, eh?
Hay un buen puñado de jóvenes españoles estudiantes de Erasmus atendiendo los puestos y eso aumenta el encanto de la visita. A nosotros nos atendió un chico gallego, porque dijimos que veníamos de La Coruña. Si dices que eres andaluz o catalán, enseguida te señalan un paisano para que puedas saludarlo y que te atienda esa persona. No sé, tiene su gracia. Por supuesto, compramos. Yo creo que todo el mundo compra algo. Como era temprano, no comimos nada allí, no nos llamaba tanto esa opción. Pero compramos un exquisito salmón salvaje de los fiordos (“pata negra” en cuestión de salmón), que te envasan al vacío para que lo puedas transportar cómodamente (después os cuento cómo se sube abordo). También probamos la carne de ballena, siguiendo la amable sugerencia de nuestro paisano.
En fin, que pasamos un rato agradable.
Volvimos hacia el puerto, disfrutando un agradable paseo y viendo sus famosas casas de madera, el muelle hanseático.
Os recomiendo que entréis en los callejones estrechos que separan las casas.
En esta zona hay muchas tiendas de artesanía, souvenirs… Algunas muy típicas, pero otras de más categoría y encanto. Como ya os dije, la mejor escala para compras.
Sobre las 13:30 regresamos al barco. Al llegar, los miembros de la tripulación (que ya se conocen la historia) te retiran amablemente las bolsas con pescado para guardarlas en la nevera del barco. Te dan un resguardo con el nº de camarote, el nombre y la mercancía que entregas. El día anterior al desembarque, por la tarde, el servicio de habitaciones te entrega la bolsa en el camarote. Por cierto, Lydia, la azafata de español, nos dijo en la reunión informativa previa a finalizar el crucero, que había 144 camarotes de españoles que tenían bolsas en la nevera del barco, lo dijo en un tono mezcla de asombro y “escándalo”, ya que al director de crucero le pareció una cifra muy elevada. Pues eso, que todo el mundo compra en el famoso mercado de pescado.
Esa tarde, relax y a disfrutar del barco. El espectáculo nocturno, a partir de hoy, es a las 20:15 para los que cenamos en el 2º turno de cena. No sé el motivo de esta modificación, desconozco si lo hacen siempre así. No fuimos, no nos apetecía mucho, la verdad, y menos a esa hora. Mis hijos en cambio sí fueron al espectáculo de magia que tenían a las 22:00 para todos los niños. Les gustó mucho.
Llegados a este punto tengo que decir que mi hija aprovechó y disfrutó el mini-club a a tope, suerte que es gratis. Es una niña muy extrovertida y sociable, de carácter alegre, pero también muy inquieta. Las dos primeras cenas resultaron un poco estresantes con ella, porque no para quieta, se le hacen muy largas, no tiene interés en estar sentada en el restaurante… en fin, ella lo pasa mal y yo no disfruto de la cena. Total, que a partir del 2º día ya la dejábamos en el mini-club a las 21:00, ella encantadísima y nosotros a disfrutar de la cena. ¡¡Qué maravilla, de verdad!! En torno a las 23:00 la recogíamos y todos los días se enfadaba porque no se quería ir. Por supuesto, no estaba sola, muchos niños pequeños van al mini-club a esas horas. A nosotros nos pareció una alternativa muy buena. Además, si no estábamos de excursión iba también a las actividades infantiles por la tarde, por ejemplo un ratito después de comer o a media tarde.
Y poco más os puedo contar de este día. A dormir, al día siguiente tocaba Stavanger.