13 de Julio: FLAM
Ahora empieza “el tomate”. Como os dije, habíamos contratado la excursión de Flam con Costa. Estábamos citados a las 8:00 en el Salón Isolabella, no veas qué divertido empezar con la maniobra de despertar a los niños poco después de las 7:00, la niña definitivamente debió pensar que su madre se había vuelto loca. Y, por cierto, mi madre, al tanto de todo como todas las abuelas, me recriminaba que “qué clase de vacaciones estáis haciendo” y “con lo bien que estaría la niña conmigo disfrutando de un verano cómo Dios manda”…
Pero antes, el Today para ese día anunciaba que el Costa Mediterránea entraría en el Sognefjorden (el fiordo más largo de Noruega, con algo más de 200 km. de largo) a las 4:00 aprox. Así que decidimos poner el despertador para las 4:30 y echar un vistazo desde nuestro balcón. Si viajas en un camarote sin balcón, pues ya sabes, le echas valor y subes a cubierta… De todas formas, a la salida, por la tarde, el barco realiza el mismo recorrido en sentido inverso. Pero bueno, nosotros estábamos decidimos a no perdernos ninguna de las emociones posibles en este viaje y sin duda esta era una de ellas.
Aunque ni con palabras ni con fotos se puede explicar, os diré que nos acostamos la noche anterior en mar abierto, con la foto que os puse más arriba. Y cuando a las 4:30 aparté las cortinas… “voilà!” allí estaba el majestuoso paisaje de los fiordos, el que yo había imaginado, el que había visto en los catálogos, en los foros, en los folletos… no, rectifico, no era ese, este paisaje era ya el mío, el nuestro, el que estábamos disfrutando boquiabiertos, sin decirnos nada, con esa sensación de “aquí estamos”. No sé si me explico.
El barco, la inmensa mole del Costa Mediterránea, se desplazaba silencioso y respetuoso sobre un mar transformado en lago azul, con las inmensas montañas alzándose orgullosas a apenas unos metros, casi podíamos tocarlas… El contraste entre la tierra y el agua será una constante en las próximas jornadas en los fiordos.
Os pongo unas fotitos y me dejo de cursilerías, ja,ja,ja:
Por cierto, la salida del sol para ese día era a las 4:30, así que el espectáculo era aún más sorprendente: era el amanecer navegando en el fiordo… En fin, que nos volvimos a la cama para dormir hasta la hora de levantarnos para la excursión. Por cierto, los grupos de los españoles eran los primeros en salir para la excursión “larga”. Creo recordar que los ingleses tenían la salida a las 9:30, jolín que suerte.
Flam es solo una pequeña aldea, cuyo único encanto es su situación privilegiada en el extremo del Aurlandsfjord y que es el punto de partida para visitar la zona.
Y por supuesto, el famoso tren turístico, con su espectacular recorrido que en 45 minutos te lleva desde el nivel del mar hasta una altitud de 867 metros sobre el nivel del mar, en Myrdal.
La salida del barco, bien organizada y puntual. Nuestra guía, una chica francesa que hablaba un español suficiente. Subimos al tren, a los vagones reservados por Costa y enseguida empezó el viaje, muy bonito. La gente disparaba las cámaras de forma casi compulsiva, queriendo atrapar todos los paisajes, todas las estampas hermosas. No es posible, yo me inclino más por intentar disfrutar el viaje. El recorrido es lento y ofrece unas vistas únicas, en un recorrido casi imposible (es el ferrocarril de vía normal más empinado del mundo) que lo ha convertido en una de las atracciones turísticas más visitadas de Noruega. Salvar el desnivel fue un impresionante desafío para la ingeniería de la época, comienzos del siglo XX. Como ejemplo, 18 de los 20 túneles del trazado fueron perforados a mano. Veréis barrancos, cascadas, granjas de montaña. Y una parada para bajarse y fotografiar con calma la Kjosfossen (cascada de Kjos). Esta:
Al final del trayecto, en Myrdal, no hay nada que hacer ni ver. Los que hacen el viaje por su cuenta, normalmente regresan a Flam en el mismo tren y continúan con sus planes.
Por cierto, si alguien tiene problemas de espacio para guardar las bicicletas, pues nada, hay que echarle imaginación al asunto...
Nosotros, los que íbamos con la excursión de Costa, esperamos 10 minutos al tren que debía llevarnos hasta Voss, el recorrido también es bonito aunque no tan llamativo.
En Voss francamente no hay nada que ver, es una parada un poco absurda y más aún si tenemos en cuenta que nos dejaron 1 hora libre… Básicamente hicimos lo siguiente: paseíto por la única calle del pueblo, sin ningún encanto, visita a los aseos públicos y un par de fotos con el Lago Vangs de fondo y con la iglesia del pueblo, la Voss Kirke, de estilo gótico, muy bonita.
A partir de ahí el viaje continúa en autobús, con una primera parada para ver la cascada Tvinde, espectacular. Después, seguimos hasta Stalheim, donde tocaba comer: un buffet que no nos gustó especialmente. El hotelito está en un paraje espectacular, con unas vistas que cortan el aliento. El día había empezado con tímidos rayos de sol, pero a estas horas estaba más nublado y caía una ligera llovizna (aunque apenas era necesario el paraguas). Es un lugar privilegiado, os recomiendo un paseíto por un bello museo al aire libre, apenas visible, donde podréis admirar casas típicas noruegas. Desde la atalaya donde está el hotel se distingue una montaña conocida como el “pan de azúcar noruego” por su parecido con el brasileño del mismo nombre.
Como curiosidad también podéis visitar un búnker construido por los alemanes en la II Guerra Mundial, aprovechando la privilegiada posición para usos defensivos de este lugar.
Y a continuación toca el im-presionante descenso por la Stalheimskleivane, una carretera muy escarpada con curvas imposibles, recodos espectaculares, cascadas… De verdad que el descenso impresiona, las personas que sufran vértigo que cierren los ojos y el que sepa rezar… que rece. Cuando la guía nos dijo que la carretera era de doble sentido se nos pusieron los pelos de punta, afortunadamente no nos cruzamos con nadie subiendo. Los conductores de los autobuses, además de experiencia, le echan valor de verdad. Al llegar abajo, aplaudimos con alivio al chófer.
La última parada, breve, fue en Gudvangen, donde ese día había una fiesta vikinga.
Desde allí, atravesando varios túneles, llegamos a Flam, donde nos esperaba nuestro barquito.
La salida de Flam también tuvo sus anécdotas, primero porque medio pueblo y algún turista se concentró en el pequeño puerto para despedir el barco. Y segundo porque una familia española estuvo a puntito de quedarse en tierra: después de varios avisos por megafonía y cuando ya estaban a punto de desmontar la rampa, apareció la chiquilla de la familia gritando con desesperación "¡¡esperen, esperen!!" (nosotros oímos con claridad sus gritos desde nuestro balcón en la cubierta 5...), a continuación el padre con la otra niña sobre los hombros, corriendo, y por último la madre completamente extenuada y casi sin fuerzas. Subieron a bordo y zarpamos, con las gaviotas rondando las cubiertas: saben que los cruceristas suelen ofrecerles trocitos de pan o galletas.
La navegación saliendo del fiordo resultó igual de hermosa que la entrada a primera hora del día, aunque el cielo estaba más gris y había que abrigarse para estar en cubierta. De entre las muchas fotos que hicimos, pongo una de muestra:
La excursión estuvo bien, pero la veo algo cara. No sé, yo diría que se puede hacer por libre, al menos la parte del tren. En fin, es fácil decirlo después de haberla hecho, ¿verdad?.
Cansados, dimos por finalizada la jornada después de la cena, sin fuerzas para ver ningún espectáculo. Al día siguiente tocaba nuevo madrugón.