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Oficina de Turismo de Dubrovnik
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datos curiosos
Dubrovnik, la "perla del Adriático"
Dubrovnik, al igual que Venecia, es una de las ciudades más bellas de Europa. Romana, gótica, renacentista y barroca, la ciudad figura como era de esperar en la lista del Patrimonio mundial de la humanidad. Con la diferencia de que aquí no se entra como en un museo. Dubrovnik es una ciudad viva, habitada y marcada por la historia reciente. La guerra que asoló la antigua Yugoslavia también se cebó en la ciudad y Dubrovnik fue bombardeada entre octubre de 1991 y mayo de 1992. Miles de obuses descargaron su saña en edificios, palacios históricos y murallas.
Hoy, Dubrovnik ha curado sus heridas. Con la ayuda técnica y financiera de la Unesco, Francia, Austria, Alemania e Italia los monumentos han sido restaurados. El imperativo estético obligó a buscar tejas cuyo color se aproximara lo más posible al rosa de las viejas tejas fabricadas a mano que imprimían a Dubrovnik su peculiar encanto... Misión cumplida gracias a las 20.000 tejas llegadas desde la francesa Agen. De hecho, es esta sublime panorámica de los tejados la primera imagen que deberíamos tener de Dubrovnik, preferentemente por la mañana temprano o al atardecer, cuando la luz es más bella. Para ello una única solución: pasear por sus murallas.
Las murallas
Esta colosal defensa, iniciada en el s. VII y consolidada hasta el XVI, es el orgullo de la ciudad, que vive ceñida por sus 2 km de largo y hasta 25 m de alto. En determinados puntos, unas pasarelas comunican el paseo con jardines privados. Ello nos permitirá "sobrevolar" callejas adornadas de flores y coquetos patios interiores. Desde lo alto de la torre de Minceta disfrutaremos de una magnífica vista del mar y de la isla de Lokrum, que emerge del Adriático frente al viejo puerto. Aquí es preciso aclarar que Dubrovnik fue desde sus orígenes una ciudad de navegantes. De hecho, su nombre deriva de dubrava, es decir "madera". Y es que cada hombre tenía la obligación de plantar a lo largo de su vida 100 cipreses. La madera de éstos era destinada 50 años más tarde a la construcción naviera. En el s. XV Dubrovnik poseía la tercera flota del Mediterráneo y sus barcos vendían la plata de las minas bosnias en Tánger, Lisboa o Argel, para lo que muchas veces se veían obligados a repeler los ataques venecianos.
Un paraíso peatonal
© E. Tresmontant / ViaMichelin
Vista de la Placa, la calle principal de la ciudad toda recubierta de mármol.
Dubrovnik está completamente vedada a los coches, es una ciudad intimista que se recorre a pie. Su calle principal, la magnífica Placa (también llamada Stradun), está toda pavimentada de mármol y su limpieza es siempre irreprochable. El trazado sigue el emplazamiento de un antiguo canal y sus casas fueron construidas tras el seísmo que destruyó la ciudad en 1667. Observe una peculiaridad propia a todas las ciudades croatas: la presencia de cornisas perforadas por encima de las ventanas. Estos agujeros servían para pasar cuerdas e izar muebles. Las calles perpendiculares a la Placa están en escalera. Las paralelas albergan en verano un sinfín de terrazas y restaurantes.
Un patrimonio marcado por la historia reciente
A pesar de las heridas causadas por la guerra, los monumentos de Dubrovnik conservan toda su grandeza. Hoy, entre dos lienzos del s. XVII o en los muros de una capilla todavía son visibles algunos agujeros causados por los obuses, que permanecen abiertos como testigos de la guerra. Un ejemplo de la persistencia de este patrimonio es el monasterio franciscano situado al principio de la Placa. Este remanso de paz del s. XIV, declarado monumento, alberga una auténtica curiosidad que, no se sabe muy bien cómo, ha conseguido sobrevivir al paso de los siglos y a los acontecimientos recientes: la farmacia más antigua de Europa, creada en 1317 y todavía en funcionamiento (la de Llívia data al parecer del s. XV). El magnífico y renacentista Palacio Sponza, construido y decorado a partir de 1516 por los arquitectos y escultores de Korcula, también testimonia a su manera contra los horrores de la guerra. Pasada la sala de archivos (donde desde el s. XII se conservan unos 10.000 manuscritos) se llega, al fondo de un patio porticado, a una exposición dedicada a las víctimas de la guerra.
Lejos del gentío
Las hordas de turistas que desembarcan de los cruceros organizados no suelen llegar hasta el barrio Norte. Un motivo más para perderse por sus tranquilas y floridas callejas antes de saborear un delicioso strudel (legado del imperio austro-húngaro) en la terraza del café Gradska Kavana. Instalado en el palacio del arsenal, su terraza da por un lado al viejo puerto y por otra a la Luza, una plazuela frente a la Placa. La decoración Belle Epoque de la sala no es menos digna de atención.
Dos lugares encantadores no lejos de la ciudad
Cuando el calor o las hordas de turistas resulten agobiantes, nos quedará la posibilidad de "poner agua" de por medio y refrescarnos en las calas cristalinas de la isla de Lokrum. Del antiguo puerto, cada 30 min. salen barcos que en 10 le llevarán hasta este paraíso salvaje de 2 km2.
Otra solución, las playas de Cavtat: un pueblo situado en una bonita bahía a 20 km al E de Dubrovnik. En apenas 20 min. de marcha podrá subir hasta la colina que domina el pueblo. En ella podrá ver el cementerio y, en éste, el mausoleo de la familia Racic, concebido por el más célebre escultor croata, Ivan Mestrovic (en Split hay un museo dedicado a su persona). La vista del mar y el litoral es magnífica.