Hola, yo también estuve en este barco durante esta semana, y lo que aquí se dice me ofende. Viajaba con mi hijo y mi novio en la cubierta Premier, y han sido las mejores vacaciones de nuestra vida. Hemos decidido que ya no vamos a hacer planes, sino que vamos a poner una fecha y nuestro destino va a ser siempre el Oceanic.
El martes 29 yo y mi niño nos fuimos a conocer el castillo de los Grimaldi, y todo lo que sacan siempre en las revistas del corazón. En cambio mi chico se quedo tomando el sol en la piscina. Y en fin, llegamos al puerto y nos explicaron que no era posible hacer el embarque porque el mar estaba muy picado, y aunque habían intentado colocar el buque en otro sitio, las fuerzas de la naturaleza se habían confabulado contra nosotros. Yo no tengo ningún master en navegación, ni siquiera el carnet de colchoneta de playa, pero comprendí enseguida lo que estaba ocurriendo, y me hice cargo de la situación. Era una situación poco probable, pero posible, así que de nada servia hacer como los demás, que se ponían histéricos, e insultaban a diestro y siniestro en tercera persona. Daban la impresión que les habían cortado el acceso injustificadamente a su hotel en Benidorm, sin valorar que estaban haciendo sus vacaciones navegando por el Mediterráneo, con el componente de imprevistos que esto comporta, y se asume en tanto que te embarcas.
A mí, todas las actuaciones que se llevaron a cabo para poner la mejor solución de las posibles, me parecieron de lo más acertadas y adecuadas dado la problemática existente. También me contó mi novio lo que sé hacia desde el barco, y el también tuvo la percepción que se tomaban medidas y sé hacia lo humanamente posible para ayudarnos a todos los que por culpa del mal tiempo no pudimos embarcar. Al principio creímos que todo se iba a solucionar con el cambio de bahía de fondeo, pues según pudo averiguar mi novio, ese lugar estaba mas libre de corrientes de aire.
Me llena de indignación leer que nos abandonaran en el muelle, es simplemente una manipulación de la realidad, tanto como decir que éramos cuerpos sin ojos y sin mente. Todos veíamos lo que estaba pasando, y en todo momento hubo un mínimo de 4 personas empleados del barco con nosotros, que hacían lo que podían. Es una pena reconocerlo, y a mí me da vergüenza ajena, porque los pobres no daban abasto a atender las increpaciones de las personas, como si alguien estuviera intencionadamente queriendo ausentarles del barco. Dios mío, que jauría, que gallinero, con lo simple que es entender la situación y dejarse llevar, esperar instrucciones y confiar en las personas encargadas de reinstaurarte en tu barco.
Las personas que aquí escriben deberían replantearse sobre si son cronistas del sensacionalismo y muestran una realidad dramática y llamativa para tener mas audiencia, o si por el contrario son reporteros de la realidad, centrándose básicamente en hechos objetivos y reales, comprobados y contrastados, aunque para estos habrá que crear un apartado diferente, porque solo hay de los primeros. De verdad me indigna, leer relatos que solo buscan la descalificación y el desprecio, cuando ni procede, ni se corresponde con nada de lo ocurrido.
El caso es que nos tuvimos que quedar allí hasta que se organizaron autobuses, y mientras tanto, recuerdo que una señorita encantadora que se llamaba Silvia, iba comentando a la gente que mientras llegaban los coches, que nos metiéramos en algún restaurante cercano a cenar y tomáramos el recibo, porque una vez en el barco se nos iba a abonar el importe en nuestra cuenta de gastos o en metálico. A mí me pareció un detalle muy de agradecer, ya que si no lo hubieran ofrecido así, nos hubiera costado una fortuna cenar bien en Francia, y tampoco tenían ninguna obligación. Lo penoso era ver a una señora histérica que llego a tirar de los pelos a la señorita Silvia. Y digo yo, que culpa tiene la naviera de nada, como si lo hubieran hecho adrede. Que pena, hay que ver lo poco comprensivos que somos cuando las cosas no van bien. Mas tarde llegaron escalonadamente los buses y nos llevaron a Génova. Fue una paliza de viaje, pero que le vamos ha hacer. Hasta mi hijo con 10 años entendió perfectamente la situación desde el primer momento, y el espectáculo de todas esas personas mayores mostrando intransigencia fue lo más desagradable y patético.
Bueno, aquí dejo mi testimonio de los hechos para que las personas que lo lean tengan una versión basada en la cordura y la visión objetiva de la situación, porque viendo lo que algunos han escrito, hasta yo misma llegaría a creer que se trataba del mismísimo Titanic. Y por supuesto agradecer a este barco las atenciones recibidas durante todo el viaje, que como decía al principio, ha sido el mejor y lo repetiremos este mismo año, además de que ya hemos dicho que será como nuestra segunda residencia.