Despertamos en otra maravillosa isla : Huahine, aunque en realidad son dos, Huahine pequeña y Huahine grande.En este momento si que éramos conscientes de que esto se acababa

y de que pasaría bastante tiempo antes de poder volver a disfrutar de estas islas así que, con la premisa de exprimir cada ultimo momento a tope ,nos dispusimo a hacer esta ultima excursión,

que en este caso era a un motu. Tan concentrados estábamos en ver, oír, oler, saborear cada momento,que nos olvidamos de la cámara de fotos,

así que en esta ocasión os lo tendréis que imaginar

. Inciso: a veces estoy tan concentrada en grabar todo, en sacar una foto con la luego pueda recordar ese momento, que se me pasa lo verdaderamente importante, que es vivir el momento. Asi que el olvido de la cámara me vino de perlas, porque recuerdo cada momento de la excursion. Os la cuento.

Salimos en una barca bastante grande , mientras llegábamos al motu nuestra guía polinesia nos relataba algunas de las leyenda de la isla y también nos contaba su día a día . A estas alturas yo ya estaba agotada de concentrarme en la lengua inglesa ( cada vez me cuesta mas, será la edad, supongo

) asi que me dedique a admirar las vistas, que de nuevo eran increíbles

. Huahine me la apunto para si algún día regreso conocerlas a fondo, a las dos, a la grande y a la pequeña. .
La excursión era de Oceanía, asi que como en el caso que ya comente antes, el motu al que nos llevaron estaba " muy civilizado" con una caseta amplia para cambiarse, aseo,etc.
Primero nos llevaron a una playa en la que de nuevo estuvimos haciendo snorkel.

Aquí lo que verdaderamente llamo nuestra atención fue la cantidad de corales enormes que había en la playa. La tentación de coger uno y llevárselo a casa fue muy fuerte

, pero recordé que teníamos que pasarlo por 3 aduanas y la multa que te ponen si te pillan ,

así que allí se quedaron. Ya sabéis que el coral es una especie protegida, así que muerto ni obviamente vivo se pueden sacar de Polinesia y llevar a casa.
Después del estupendo baño ( os recuerdo por si ya se nos había olvidado: paisaje increíble, aguas azul clarito, sin corriente, peces de colores, corales a tutiplén, palmeras haciendo sombra, temperatura exterior perfecta y agua calentita

,) como digo después del baño nos llevaron a otra parte de la isla donde había preparado un picnic con platos tradicionales polinesios y la típica cerveza tahitiana , estaban buenísimo todo. .

. Las mesas y sillas estaban dentro del agua, a nosotros nos pareció aquello bastante de turisteo guiri

, pero bueno, donde fueres haz lo que vieres, y allí estuvimos comiendo con dos parejas americanas, intentado chapurrear como podíamos en ingles y prometiendo mentalmente como he hecho millones de veces, que mejoraría mi ingles .

Al finalizar la comida nuestra guía nos enseño algunos bailes polinesios, primero para las damas, luego los caballeros. Ya sabeis que los americanos se apuntan a todo y sentido del ridículo cero, así que la concurrencia salió a bailar dándolo todo como si no hubiera un mañana con más voluntad que gracia

. Nosotros también nos animamos y pasamos un rato bien divertido, aunque los que realmente se morían de la risa era los polinesios que del grupo musical viendo la poca gracia con la que nos manejábamos. Aquí si que eche de menos la cámara de fotos para grabar algun video.

A la vuelta la guía pidió 2 voluntarias y dio una clase de cómo ponerse el pareo , que tiene su gracia. En resumen estuvo muy bien.
Ya por la tarde os podéis imaginar: maletas en los pasillos, despedidas de la tripulacion que durante estos días nos habían atendido estupendamente y caras de pena por todo el barco