Mira que he hecho ya unos cuantos cruceros (ocho con este último, si no me equivoco) y nunca he estado tan nerviosa y estresada como en este. Será porque los últimos tres meses de mi vida han sido una locura: había que aprobar el
Mitjà (conseguido), el nivel A2 de Inglés (con un 8,8; gracias, pana, por echarme una mano con las horas), arreglar las fotos que siempre arrastro, los álbumes de fotos pendientes, la enfermedad de mi mami, las Hogueras, las lógicas fotos de las Hogueras, el crucero, la guía (que, como siempre, la acabé a última hora)…¡Uuuuuuuuuuuuuufffff! ...
Pero todo ha salido bien, gracias a Dios, a Alá o a quien sea…
Mi mami está bien aunque sea inevitable que su memoria naufrague un poco más cada día. Cree que estamos de crucero por Orlando. Qué graciosa.
Viajar con tus amigos en un crucero no es que sea una empresa arriesgada… Es que es tan difícil que coincidamos todos que por eso este ha sido tan especial e inolvidable. Si no tenía mucha ilusión por hacerlo debido a tanto estrés y preocupaciones, han sido tantos los momentos inolvidables que hemos vivido que me han renovado por completo y que quedarán para siempre grabados a fuego en mi corazón.
Si quisiera evocar todos los momentazos de este crucero necesitaría muchas líneas para contarlo. Por eso, me quedaré con LO MÁS.
Fue lo MÁS fashion aparecer todos en la gasolinera de “Sol y Luz” con la misma camiseta (color 78, “rosetón”) y el lema “Troyanos por el Mediterráneo” impreso en la espalda. Que el autobús se convirtiera en una peluquería improvisada gracias a Altea y a Rebeca, lo MÁS divertido del viaje. Que el cáterin estuviera a cargo de Mayte, un alivio para nuestras ruidosas tripas. Que Miguel fuera el encargado de darnos las últimas noticias, el top ten informativo. Que la guía haya costado 27€, un sablazo. Que amenizáramos el viaje con el baile de la… ¿medusa?, ¿pelusa? (todavía no lo he pillado), una tortura para el pobre conductor. Ver el “Musica” por primera vez, lo MÁS emocionante… aunque Cristina intentara ocultar las lágrimas tras las gafas de sol.
Fue lo MÁS de lo MÁS que esa noche aparecieran los hombres de lila por el barco y que ningún troyano los viera. Solo Jordi, el pobre, los vio. Y digo pobre, porque por mucho que insistió en que Carlos y Ramón (hijo) iban de lila, NADIE LE CREYÓ. Qué duro es sentirse incomprendido. Pero yo no podía revelarle la verdad. Cuánto siento tu impotencia, Jordi.
La guasa de todos los troyanos montados en el “Petit Train” de
Marsella rumbo a
Notre Dame de la Garde, la parte divertida de la excursión. Indescriptible el momento del trenecito todos simulando ir en una montaña rusa. Lo más original, el “selfie” que nos hicimos con el artilugio que Edgar le puso al móvil. ¿A qué huele Marsella? A lavanda. Por eso compramos jabón de lavanda, probamos el helado de lavanda… La sorpresa del día: lo que hace Miguel con el papel maché en la
Rue de Petit Puits. Los bolardos decorados junto al “Bar des 13 coins” y la súbita aparición de la
Cathédrale de la Major junto al mar. Y, cómo no, la parte más trepidante: el regreso al barco en el taxi. Su conductor, un armenio marchoso, nos puso la música a todo volumen, mientras pisaba a fondo el acelerador hacia el puerto. ¡Por Dios! Si nosotros ya habíamos hecho el simulacro de emergencia y no teníamos prisa.
Qué bonita
Génova, con sus callejuelas estrechas por donde apenas cabe una persona, pero qué horror la autopista que la atraviesa. ¿A quién se le ocurrió semejante atentado paisajístico? ¿A qué huele Génova? Sin duda, a pescado. Qué impresionante la catedral de San Lorenzo y el obús que no llegó a explotar. ¡Delicioso y original el helado que nos comimos en el precioso barrio de Boccadase! Seguro que los troyanos le hemos dado suerte a esa bellísima novia de rojo. Se la negamos, en cambio, a Fiona... Qué ricos los
Trenete al pesto que me comí después en el
porto antico.
Y qué decir de
Roma y su impresionante Coliseo. Aquí Roma huele a sangre y sudor. La sangre de todos los que aquí fueron sacrificados, animales y humanos. Y al sudor de todos los que ahora lo contemplamos fascinados. Qué decepción encontrar la
Fontana di Trevi y la
Piazza de Spagna en obras. En cambio, qué delicioso el helado del legendario “Café Giolitti”. Juan Enrique casi se come el de Cristina con el timo de la foto. Y como no cabía ni un alma en el
Panteon, no entramos. Y qué pena encontrar cerrada la “Libreria Spagnola” en la
Piazza Navona. No tengo calendario para el 2015. Boquiabiertos nos quedamos cuando llegamos a la Piazza San Pedro. Según Gabriela, a mediodía no había mucha cola. Le pediré que me lo defina

. La cola daba toda la vuelta a la plaza. Por lo menos, me comí un delicioso
pannini de prosciuto, ruccola y mozzarella. Vero todavía se relame recordando el que se comió de
melanzana. Pero me reservo lo mejor para el final…
Ese momentazo cuando los troyanitos me regalaron el “Diploma a la mejor guía” en el que, cuenta mi pana, Altea dictaba muy seria y Claudia advertía de que no tenían que tener faltas de ortografía (SI NO SOY TAN DURA…

). Con él venía un abalorio de Pandora que compraron literalmente a mis espaldas, porque no pudieron librarse de mí para comprármelo. Ya se encargó Cristina de distraerme preguntándome si entendía lo que el israelí me contaba sobre los beneficios de los potingues del Mar Muerto y que, al final compré… ¡¡¡Y eso que aún me quedan de mi viaje a Jordania!!!
Lo MÁS divertido de la noche, el concurso de Abba en el Tucano. Cristina: ¡¡¡“Locomotion”!!! ¡Dios! La cara del animador cuando le dijo que era troyana fue todo un poema y ante la cara de estupor que este ponía, ella insistía: “Soy de Troya”. Parece ser que Troya en italiano es un insulto.
¿Ma qui lo sa? Pero faltaba el bombazo final: la reaparición de los hombres de lila. Esta vez con un nuevo componente: José Victorio. Cómo se quedaron los troyanos cuando los vieron aparecer por el salón Tucano. Se decían unos a otros que no podía ser. Cuánto tiempo hacía que no lloraba de la risa.
Qué estresante
Palermo. Qué caos de autobuses y taxis. Qué calor. Palermo huele a decadencia, a ruina. Todo necesita una mano de pintura. Otra decepción encontrarte en obras la catedral. Y para otra vez será la visita de la Capilla Palatina. Pero mereció la pena por visitar las Catacumbas de los Capuchinos. Pasear entre hileras e hileras de momias dispuestas en todas las posiciones y que se conservan tan bien resultó realmente impactante. Y aunque no cause temor no deja uno de estremecerse ante el ataúd de Rosalia Lombardi, de tan solo dos años de edad. Decidimos no ir al famoso
Mercato della Vucciria. Estábamos muy cansados. Y, luego, qué amena la charla con Cris en la piscina y cómo le emocionó que sonara la sirena del barco al zarpar de nuevo. Y cómo me gustó explicarle quién saca el barco del puerto. Solo por el interés que mostraste, Cris... ¡¡¡TE HAS LIBRADO DEL EXAMEN!!!
Para mí, la escala estrella,
Túnez. Nuestro guía, Chadly, sencillamente maravilloso. Qué pena no haberle llevado el Rioja. No me lo perdono. Pero es que no tuve ni tiempo de comprarlo. Los niños estaban encantados con sus explicaciones. Y los mayores también. La Medina huele a cuero, a especias, al humo de la sisha que fuman los tunecinos. Y el encantador pueblecito de Sidi Bou Said con sus casas inmaculadamente blancas y sus celosías de un deslumbrante color azul que, dicen, ahuyentan los insectos. Sidi Bou huele al jazmín que se desprende de los jardines de sus casas y al delicioso té con menta y piñones que tomamos en el "Cafe des Nattes". Qué momentazo final el regateo de Natalia y Vero con el tunecino de los bolsos de Tous dentro del mismo autobús. Pa qué, pa qué, pa qué. Y he de reconocerlo: me emocionó el regalo que Chadly en representación de "Shore2shore" me hizo. Amplio reportaje tengo de troyanas tatuándose el cuerpo de
henna.
Y la última escala,
Mallorca, la isla de la calma. Y es cierto, porque eso es lo que percibes cuando paseas por las calles del centro histórico y te asomas tímidamente a los patios de las casas. Qué impactante su catedral gótica, de enorme tamaño, que se alza sobre la bahía. Es obligado sentarse a contemplar la belleza de sus rosetones. Es el lugar perfecto de recogimiento y de paz. Y qué extraño el baldaquino de Gaudí, que no es más que una maqueta, porque como ya es costumbre "gaudiana" su legado arquitectónico está inacabado. Francamente, me pareció un pegote entre tanta magnificencia. Mallorca, sin duda, huele a sobrasada y a ensaimada. Imperdonable si alguien no prueba las de "Ca'n Joan de S'aigo". Realmente exquisitas. Y si quieres matar dos pájaros de un tiro, pídete la ensaimada de sobrasada. Sorprendentemente buena.
En fin, qué decir más… Esas noches en que los mayores nos turnábamos para ser papás de los troyanitos en la cena y esa última noche en que eligieron a sus padres favoritos. Cómo no Carlos y Cris ganaron (y eso que ella aún no había cenado con ellos cuando ya lo tenían decidido). Pero tuvieron menciones para todos. Son la bomba.
En los ascensores, arriba y abajo, que nunca llegábamos a nuestro destino. El susto que Miguel le dio a Cris... En el teatro, cuando el director de crucero preguntaba si había en la sala alguien que hubiera embarcado ese día y cuando Carlos levantó la mano le espetó que ya lo conocía

... La noche del carnaval en el Tucano, increíble, todos disfrazados animados por Miguel y el momento de Ramón, Miguel, y José Victorio en primera línea bailando el chechevereche, el limbo y todo lo bailable. Y la cara de Alonso, el animador panameño, cuando Cris le contaba el chiste de la vela... Vamos, para emmarcarla... ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaay! Y la noche italiana de rojo, blanco y verde, Carlitos se salió con la suya y les pintó a todos los hombres los ojos de verde. El camarero flipaba. Y creo que luego en el casino la “croupier” tampoco daba crédito.
Y mira que hace tiempo que paso de asistir a las reuniones informativas sobre el desembarque, pero es que es SUPER RECOMENDABLE. Nos meamos de la risa. Y no es una frase hecha.
No son más que pequeños retazos de vivencias y recuerdos que llenan las páginas del libro de nuestra vida y que dibujarán instantáneamente una sonrisa en nuestra cara al rememorarlos. Serán para siempre el lazo de unión de nuestra amistad. Ya nada ni nadie puede robarnos los sueños compartidos. Gracias, troyanos, por ser y existir.