Buff, Elvira, que nos emocionas.

Con vosotros nada es sacrificio y esfuerzo, al contrario, sois tan buenas personas que despertáis la generosidad en los demás.
Nos encanta que hayáis estado a gusto, todos lo hemos estado, este encuentro sólo tenía papeletas para ser un éxito y así lo ha sido.
Y ahora a empezar rápido con los deberes, que hay muchas fotos por poner. Así que, como diría el dermatólogo, vayamos al grano.
El día que llegaron los cordobeses salimos a apatrullar la carretera del Valle y así estaba, estaba claro que iban a tener su bautismo de nieve (aunque alguno por el camino veía poca nieve y "se esperaba más", al final se jartó de verla

)
Algún percance debió suceder pues pronto se formó una caravana de coches parados, algunos se pusieron nerviosos y se apresuraron a dar la vuelta, estaba nevando y el quitanieves no podía pasar debido al atasco.
Fijaos cómo está de torcida la señal de la derecha. Esto se debe a la nieve que despiden los quitanieves contra la cuneta. Una tonelada de nieve lanzada por el quitanieves a 50 km/h. no la resiste cualquier cosa.
Algunos aprovechan el parón para poner cadenas de tela, algún otro carga con su equipo y sube andando.
Y por fin llegan los esperados coleteros cordobeses con sus amigos, lo primero que hacemos es asegurarnos de que se pongan un calzado adecuado en nuestro "outlet" baratito.
Ahora ya estamos todos equipados para salir al exterior. A esto sí se le podría llamar un "banco de nieve".
Aquí estamos dispuestos a comernos el Valle, en el más amplio sentido de la palabra.
Como no era cuestión de coger el coche,
no nos quedó más remedio que meternos en el Urtau, el mejor bar de pinchos del valle.
Aquí estamos los coleteros y amigos haciendo lo que mejor sabemos hacer.
Llega la hora de comer, menos mal que Celia tenía muy bien organizada nuestra gran nevera y consiguió que cupiesen todas las cosas que habíamos traído.
Nuestros amigos cordobeses nos agasajaron con toda suerte de exquisiteces de su tierra. Sólo os diré que cuando llegaron su coche parecía una furgoneta de catering: todo eran bolsas y cajas de comida.
Qué caras de alegría se nos ponían en cuanto nos sentábamos a la mesa.
Por la tarde hicimos una visita a la pista de hielo, había que bajar la comida, aunque fuera mirando.
Posando en Vielha ante una pilona y dos sillas de un antiguo telesilla de Baqueira.
Después subimos al parador de Vielha a tomar unas cervecillas en el inmenso salón-rotonda.
Desde allí hay una espectacular vista del valle, con una gigantesca nube que amenaza con dejarse caer sobre sus pueblos.
Lo bueno de que haya tanta nieve es que te puedes tumbar en plena calle, esta montañita tendría unos 2 metros.
Vaya, pero si ya es hora de cenar¡¡¡ Otra vez a la mesa.
Nosotros, como no somos catalanes, nos conformamos con champán francés, recién sacado de nuestra nevera.
Sólo quedaron sobre la mesa la cápsula y el bozal.
Después de cenar, como el cielo quedó completamente despejado y había luna llena salimos a dar un paseo por el monte, por el camino de La Tüca. La claridad que proporcionaba la luz de la luna reflejada en la nieve era tal que se veía igual de bien que si fuese de día. Fijaos en las sombras que proyectan los árboles sobre la nieve. La única fuente de luz es la luna.
Se veía el relieve de la nieve con total nitidez. Las fotos están hechas a pulso, sin trípode ni flash. Increíble. En esta foto vemos nuestro encantador pueblo, Betrén.
Estábamos tan a gusto viviendo esta experiencia que no encontrábamos el momento de volver a casa.
Parece que hace días que no se ha sentado nadie en este banco.
Con esto acabamos la primera jornada del viaje. Seguiremos informando.