Sexto día: La Habana
Para mí los días en la La Habana eran los más esperados, había oído tantas cosas y tenía tantas ganas de ver aquella ciudad.
Sobre las 11 estábamos entrando por mar en la ciudad más bonita, fea triste y alegre… es decir… en la ciudad de los contrastes. Desde el barco se ve de forma diferente pero cuando la pisas te das cuenta de la verdadera realidad.
La salida del barco fue bastante rápida y el paso por la aduana también aunque te miran de arriba abajo, a mi marido que es moreno bastante el de la aduana le dijo
-Pero bueno, chico ¿qué haces aquí tú otra vez?? Bueno, esa es la anécdota del viaje! Mi marido parece Cubano jejejeje Al final sin problemas pasamos los controles y fuimos a cambiar dinero a pesos convertibles.
Cuando salimos del edificio del Puerto, había un montón de gente, taxistas, coches de caballos… de todo ofreciéndote sus servicios… al final alquilamos un taxi entre los 8 para 3 horas, no sé si hicimos mal o bien porque al día siguiente nos enteramos de que había gente que lo había sacado por mucho menos pero cuando estás allí no piensas demasiado y eso que había leído bastante en el foro.
Aquel día conocimos las afueras de la Habana, la plaza de la Revolución, el barrio de Miramar, el capitolio( no entréis, no merece la pena)… mientras escuchábamos de labios de un cubano cómo era allí la vida. Fuimos a comer a un paladar con vistas al mar, langosta. Muy rica, y con las ganas que teníamos de echarle el diente!! Y por la tarde fuimos al Castillo del Morro. Hacía tanta calor.. que era imposible disfrutar a tope de las visitas pero lo sobrellevábamos como podíamos.
Después de aquella mañana y media tarde intensa, mi sensación era la de no haber visto la verdadera Habana y no quería quedarme con aquella sensación, aún quedaba el domingo y tenía pensado madrugar un montón para caminar toda la Habana Vieja.
El taxi nos dejó a la entrada de la aduana pero al final decidimos movernos un poco hasta el mercado, que por desgracia los domingos no hay, así que quien quiera comprar que aproveche el sábado.
El mercado está super cerca del puerto, y hay que verlo! Es un total estadillo de puestos, de muchas cosas, de gente, de bullicio y sobretodo de calor.
Allí se te acercaba la gente pidiéndote cualquier cosa, y intentabas moverte entre tantas personas, mirando algo.. pero apenas se podía avanzar.
Allí se me acercó una chica que me pedía ropa, al principio traté de ignorarla pero yo no valgo para eso, hablé con ella le dije que no tenía nada, y me insistió en que al día siguiente me esperaba a la salida del barco y que le bajara algo de ropa, al final asentí, tanta ropa para el viaje, tanto que tenía ¿qué me costaba dar algo de lo mío que ni si quiera iba a echar de menos??? Quedé tempranito al día siguiente, sobre las 8 ó 8.30.
Allí compramos algunas cosillas, era la hora del cierre y yo alucinaba con lo que bajaban los precios, al final compramos un bolso de cuero del cual me encapriché nada más verlo, dos óleos pequeñitos, unos coches de madera y creo que nada más.
Asfixiados como estábamos nos acercamos a tomar algo a una terraza, yo pedí una limonada sin alcohol refrescante y rica, otros se decidieron por el mojito aunque decían que no estaba bueno¡!, mientras tanto unas cuatro personas tocaban y cantaban alguna cancioncilla, era un momento especial.
Cuando acabamos nos fuimos al barco, era el cumpleaños de mi marido y yo le había regalado un masaje ¡!, así que para allí se fue mientras yo me quedaba en el camarote preparando la ropa que le iba a dar a aquella chica al día siguiente. AL final le preparé una bolsa con alguna camiseta mía, de mi marido. Alguna falda, jabón, algún medicamento… bueno todo lo que encontré.
Por la noche nos fuimos a cenar al gran restaurant, aquella noche era turno libre pero nos sentamos muy próximos a la mesa de siempre con la salvedad de que no nos atendía nuestro camarero ¡!
Después de cenar conseguí que le trajeran a Richi una tarta con una velita y allí estuvimos cantando el cumpleaños feliz jejeje.
Empezaba la noche más esperada en la Habana… (ilusos nosotros).
Dejamos el barco, los chicos que había en la aduana eran mucho más agradables que los de por la tarde! Y nos comentaron de ir a algún bar para ver música en vivo.
Salimos ilusionados y cuando logramos ponernos de acuerdo, ya que se ofrecía mucha gente en acompañarnos, en taxi, en coche de caballos, andando, etc… nos decidimos porque un chico nos llevara caminando, así de paso veríamos la Habana de noche.
Todo empezó bien, empezamos a caminar, pero cuando llevábamos andados como 10 minutos una pareja de policías (allí te los encuentras cada dos pasos) paró a nuestro “guía” y lo que en principio podía haber sido una noche divertida acabo siendo una ruina, la policía nos dijo que continuáramos nuestro camino y cuando preguntamos por el chico que nos acompañaba nos dijeron que se lo llevaban a la cárcel.
En fin… no os podéis imaginar el sentimiento que teníamos, los 8 nos dimos la vuelta, cabizbajos, sin saber qué hacer… nos sentamos en la Plaza de la Catedral mientras escuchábamos a alguien cantar nosotros hacíamos conjeturas de qué le podía pasar a este chico y nos sentíamos culpables.
Así que lo que mejor hacéis es coger a alguna persona con carnet de guía si no queréis pasar un mal rato como nos pasó a nosotros!!
Nos fuimos a dormir disgustados… en fin… hay que saber que la Habana es así una ciudad preciosa, fea, alegre y triste a la vez…