El barco es genial, muy cómodo y moderno, pero le encuentro algunos detalles manifiestamente mejorables, y otros problemas que se solucionarían con un poco de información.
- Los camarotes están justitos de tamaño, especialmente los interiores… sin embargo, el cuarto de baño es inusualmente cómodo, con cabina de ducha que permite lavarse el pelo sin dejarte los codos en las paredes.
- Hay en nuestro crucero cerca de 900 españoles!!!!!... parece que esto va creciendo, ya que en el anterior creo que no llegaban a 300. El segundo idioma a bordo es el español, recibimos el diario de a bordo en nuestro idioma y además por megafonía se dan los anuncios en español también. Sin embargo deberían despedir de inmediato al responsable de las traducciones ya que la mayor parte de las veces es preferible leer, por ejemplo, la carta del restaurante en inglés antes que intentar descifrar el galimatías que el traductor se inventa cada día.
- La zona de piscina es claramente insuficiente cuando el barco va lleno, la sensación de masificación es inevitable y es necesario madrugar mucho los días de navegación para conseguir una tumbona en la misma cubierta de las piscinas… además tanto la piscina exclusiva para adultos como la de uso general comparten el mismo espacio, separadas por el escenario donde un grupo musical se encarga de llenar el escaso silencio que deja el bullicio infantil que hace lo propio de su edad con un tobogán acuático a su alcance.
La buena noticia es que cuando uno cree que ya no puede más, hay a tu alcance una especie de paraíso de silencio, tranquilidad y relax… El SPA Bora Bora, donde previo pago del importe de 15$ por día te ofrece unas instalaciones realmente de primera clase, sauna, baño turco, jacuzzi, piscina japonesa, duchas de diferentes tipos, sillones de relax donde descansar tomando un té y contemplando como el barco se va comiendo las millas desde la misma posición que el capitán desde su puente de mando, todo ello acompañado de una suave música ambiente y casi en soledad… de verdad vale lo que cuesta.
- No dejéis de visitar una pequeña salita que hay proa de la cubierta 11, donde un ventanal permite contemplar, a ciertas horas, el puente de mando, además de poder consultar la carta de navegación, y los principales datos de navegación en un monitor.
- Debería haber cárcel para el decorador responsable del espacio más kitch que he visto en mi vida… el Tsar’s Palace, donde el mármol se transforma en formica, las estatuas tienen un dorado de purpurina y Fabergé mataría a quien ha transformado sus famosos huevos en desmesurados pomos de balaustrada. No es que sea el único espacio del barco diseñado con mal gusto, pero si tiene el honor de ser el más pretencioso. No obstante hay otros restaurantes y salones mucho más afortunados que salvan la cara al barco y hace que el conjunto no sea en absoluto desagradable, pero eso si, dentro de una tónica bastante “alegre”.
- No dejéis de reservar nada más llegar los restaurantes especiales que queráis probar, especialmente el Tepanyaki, las reservas se agotan casi desde el primer día, y en el caso de este restaurante creo que merece la pena la experiencia.
- Que no os pase lo que a mí… No os perdáis la vista del volcán Strómboli desde el barco, a unas 3 horas de la salida desde Messina, se rodea la isla y, según me han contado (ya que yo estaba cenando porque no me enteré), es todo un espectáculo ver las erupciones de noche.
Espero que estos comentarios sean útiles a aquellos que aún no han viajado y espero ir complementándolos a lo largo del trayecto.
Saludos