Esta es la noticia que aparece en "El Periódico" de hoy:
Unos 400 pasajeros, 300 de ellos de nacionalidad española, han detenido que desembarcar del barco de cruceros Monterrey al sufrir una avería importante en los motores. El buque, propiedad de la empresa italiana MSC Cruceros, que opera ocho barcos, debía zarpar el pasado lunes a las seis de la tarde. Anoche, el Monterrey, con capacidad para 600 pasajeros y 270 tripulantes, permanecía en el puerto de Barcelona con muchos viajeros a bordo que amenazaron con llevar a juicio a la empresa. Hoy todos deberán abandonar el barco, según la naviera.
Empleados de MSC aseguraron que desconocían la fecha en que podrá zarpar el barco. La naviera ofreció en un documento escrito devoluciones de los billetes y otras opciones de crucero a los afectados. El barco llegó averiado a Barcelona el pasado lunes procedente de Palermo. La embarcación no pudo hacer la escala en Mallorca, como estaba previsto, debido a la avería y llegó a Barcelona navegando con velocidad reducida.
25 ingleses y 20 suecos que hacían una ruta por varias ciudades del Mediterráneo seguían anoche en el buque a la espera de que la empresa tramite el regreso a sus países.
Dos empleados del Monterrey declararon a este diario que la empresa desconocía hasta ayer la magnitud de la avería, que calificaron de "muy grave". El crucero realizaba la ruta Cannes, Livorno, Civitavecchia, Palermo, Túnez, Palma de Mallorca y Barcelona.
SIN AIRE ACONDICIONADO
Una vez cancelado el crucero, la mayoría de los ciudadanos italianos, embarcados ya desde Palermo, optaron por reembarcar en otro crucero. Pero a los españoles, muchos de ellos de fuera de Barcelona, esta solución propuesta no les pareció adecuada, pues habían invertido tiempo y dinero para llegar a Barcelona.
"Nos han fastidiado las vacaciones", aseguró Manuel Alonso que, junto con su familia, tiene que costearse de su bolsillo el viaje de regreso a Madrid. Lo mismo les ocurrió a la leonesa Susana Taboada y a sus tres amigas. "Nos volvemos a trabajar a León sin vacaciones", dijeron.
Los ciudadanos españoles, que embarcaron en Barcelona el pasado lunes a mediodía, se quejaron del trato recibido por parte de la tripulación del barco. La mayoría afirmó que, como medida de presión para que abandonaran el crucero cuanto antes, se les habían cancelado las tarjetas con las que comprar las bebidas para la cena.
"¡Han cerrado la piscina y nos han cortado hasta el aire acondicionado en las habitaciones!", se quejó Alonso. "Nos sentimos realmente impotentes. Esto es una vergüenza y una tomadura de pelo", añadió Oriol Gallart, otro de los afectados.
Jean Paul Nevens, sentado sobre sus maletas en una de las puertas de embarque, junto a su mujer, aún tenía una queja más. "Nadie de la tripulación hablaba inglés y francés y no sabíamos lo que pasaba", dijo. Este matrimonio belga tuvo sin embargo algo más de suerte que el resto del pasaje. Una empresa contratada por la naviera les consiguió un billete de avión a Palma.