Amanecimos temprano para desayunar y dirigirnos cuanto antes a la Estación Central, para tomar el tren que nos conduciría hasta Rotterdam.Con un bonito paisaje a través de la campiña holandesa, en poco más de una hora llegamos a nuestro destino. Un amable taxista nos condujo hasta la terminal de cruceros en menos de 10 minutos. En este breve recorrido pude observar una panorámica de Rotterdam, una ciudad moderna y ordenada, con una arquitectura vanguardista y llena de color.
El embarque fue rápido y fácil, gracias a la amabilidad del personal de HAL, dejamos las maletas y en diez minutos pasamos los trámites de rigor y nos vimos a bordo de este encantador barco, pudiendo acceder desde ese mismo momento a nuestro camarote y al resto de las instalaciones. Un 10 para HAL en el embarque.
Nuestro barco
Desde la cubierta del barco, contemplamos el precioso entorno en que nos encontrábamos, era la terminal de cruceros más bonita que había visto, rodeada de parques, agradables terrazas y ordenadas praderas donde la gente tomaba el sol y con las mejores vistas de la ciudad. Allí se encontraba el Hotel Nueva York, cuyo edificio data de principios del S.XX y alojó las oficias de Holland America Lines.
A las cinco de la tarde, con una banda de música que interpretaba desde el puerto típicas canciones holandesas y un buen grupo de gente que nos decía adiós con sus pañuelos, pusimos rumbo a Oslo. En la salida hacia el Mar del Norte, tuvimos unas perspectivas fantásticas de la ciudad y sus distintos muelles.
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Barco que recorría los distintos muelles
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Antes de partir, cumplimos con el simulacro de seguridad, en esta ocasión no fue necesario que nos pusiéramos los chalecos salvavidas ni pasaron lista a los asistentes. A partir de aquí, libres para disfrutar.