Estimados destinatarios de esta estupidez navideña:
Cuando nos acercamos a esas fechas, mágicas para la sociedad de consumo, pero muy cercanas al ridículo en su actual espíritu, es costumbre, bastante vertebrada en nuestra sociedad, enviar la típica felicitación navideña, tan carente de realidad como grandiosa es su formato, la cual, va más destinada a saldar apariencias que a expresar sentimientos reales.
Uno, como no deja de ser un grano en esa inmensa duma de arena, quiere quedar bien con todos, y como este medio virtual es prolijo para enviar todo tipo de mensajes, no me voy a bajar del burro de la modernidad y sumaré el mio, a la pleyade de ellos que en estas fechas circulan por la red. No hago nada extraordinario, pero en el fondo de mi corazón, quiero haceros partícipes de mi ilusión en que lo que haya de venir, nos pueda deparar a todos la suficiente clarividencia, la cual, unida a todo el esfuerzo que queramos poner, sea conducente a unos tiempos mejores para todos. Como es algo que siento realmente, no puedo ni debo obviarlo, pues si no comparto con mis ilusiones y anhelos con los demás, poco estoy haciendo.
Buscaros la vida de la mejor forma que el dios, dioses o lo que rija esta vida disponga, pero no olvidar que en nuestro trabajo diario está el intentar ser un poco más felices, y lo que es mucho más divertido, hacer que los que a nuestro rededor pululan lo sean.
¡Venga!, que no se diga, somos los mejores y así hemos de mostrarnos a los demás, pues el camino se hace andando y no predicando.
Felicidades a todos