NOVENO DÍA: OSLO
La verdad os digo, me parecía buena escala en el papel antes de bajar, pero a las 4 y media de la tarde cuando subí a bordo lo hice con una tremenda satisfacción por todo lo que había visto, y con una tremenda pena porque nos íbamos y dejabamos atrás algunas cosas por disfrutar.
A las 8 y 10 ya estabamos desembarcando. Los meses de intensa planificación dieron sus frutos y en la estación marítima que queda justo al lado del barco compramos la tarjeta OsloPass que nos costó 22 € por persona pero que se demostró genial inversión. Por cierto, nos atendieron en español (que agradable sorpresa).
Seguimos paseando hasta la estación de embarque del bus acuático número 91 (el que va a Bygdoy que es la zona de museos de Oslo. El primero partía a las 8.45 y ya estaba allí esperándonos.
Si, si, es este feo y viejillo bote de color crema.
Una vez dentro, te pican la tarjeta Oslopass para que empiecen a contar las 24 horas de validez. El trayecto es cortito y al hacer tan buen día, muy bonito por toda la bahía de la ciudad.
Esta vez si que me había estudiado los horarios y no bajamos en la primera parada sino que aguardamos a la segunda, la que te deja al lado del museo Fram y del Kon-Tiki.
Primera parada Museo Fram, al llegar, estaban abriendo (9 de la mañana) y nos gustó mucho, mucho.
El museo además de ser el propio barco de exploración polar al cual se puede subir, recoge un sinfin de artículos que se llevaron a las expediciones, paneles explicativos de las mismas, etc.
No quiero desvelaros todas las sorpresas a bordo, pero en cada una de las estancias y camarotes del barco se respira como si estuvierais en 1911 acompañando a Amundsen al Polo. Es una auténtica gozada.
Me llamó mucho la atención la sala de máquinas, y por supuesto el resto de camarotes, cada uno de ellos con objetos personales de los exploradores...
Cuando nosotros salíamos como a las 10, empezaban a llegar los primeros visitantes del día.
Justo en frente estaba el Museo Kon-Tiki, pero ese no estaba en mi agenda. Allí mismo subimos al bus 30 que nos llevaría al Folkemuseum o Museo del Pueblo Noruego (se puede ir caminando y está como a 15 minutos, pero justo en ese momento apareció el bus y había que economizar energías).
Dentro del mismo pillamos el folleto con todas las líneas de buses y tranvías de la ciudad y que lujo, un panel nos indicaba las paradas...
Se aceptan bromas sobre la parada del Museo Vikingo, [

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El día estaba siendo muy soleado y de calor. Y en esto que llegamos a nuestra siguiente parada:
Este es el típico sitio donde disfrutaréris toda la familia. Consiste en que han desmontado de sus lugares de origen más de 170 edificaciones y las han traído aqui. En algunas de ellas puedes entrar y en otras hay figurantes de carne y hueso dando vida a escenas típicas de la vida noruega: una lavandería, una tienda de ultramarinos, una casa típica, una cocina, etc... pero siempre hablando de escenas de hace 100 o 200 años.
Todos los edificios tienen una placa donde pone de donde son originarios y su fecha aproximada, y hay algunos del año 1200 o 1300.
Advierto que es un museo enorme y que pasaréis al menos dos horillas aquí, y yo estoy seguro que se me escaparon cosas...
La iglesia vikinga que os dije. Si entrarais a la de Fantoft y luego a esta, veríais que la primera tiene la madera joven (es una reconstrucción de una que se quemó) y sin decorar, si entrarais a esta..., bueno, descrubrídlo vosotros ¿vale?
Eso si, si solo queréis ver una, no lo dudeís, esta es la buena.
Puedo poner más fotos del Folkemuseum, pero prefiero que el resto siga siendo un misterio hasta que lleguéis allí. Eso si, recordad que es IMPRESCINDIBLE. [

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Saliendo de aquí y a la derecha, a menos de 50 metros tenéis el Museo de los Barcos Vikingos. Es sin duda lo más flojito de lo que vimos en Oslo, pero requiere 20 minutillos y si soís amantes de la historia como yo, quedarías con una espinita clavada si no entraraís a verlo.
Siguiente parada: Parque Vigeland. Con la Oslopass no sacamos la cartera en todo el día. Todos los museos que habíamos visitado, los que visitamos después y todo el transporte público estaba incluido. Superamortizados los 22 euros. Además, nos hicimos unos sandwiches en el buffet del desayuno, más que nada porque da mucho coraje "perder" una hora en buscar un sitio y almorzar con todo lo que hay que ver.
El parque os encantará. También es un sitio genial para toda la familia, divertido a la vez que relajante. Y para hacer muuuuuuuchas fotos con tanta escultura diferente.
Las esculturas son impresionantes, y son cientos de ellas. Llegados aquí, la climatología empezó a cambiar y negros nubarrones empezaron a pasar sobre nuestras cabezas.
Para colmo, al llegar a esta estatua voy y me pongo sentimental pensando en mis pitufas que estaban tan lejos, snif, snif... [

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Enfrente del parque tomamos el tranvía número 12 que nos llevó directamente al puerto y llegados aquí, las mujeres desertan en busca de la tranquilidad o ¿del buffet? del barco y mi hermano y yo nos aprestamos a disfrutar "sin ser molestados" del complejo de museos de la fortaleza de Akerhus.
Ésta queda justo al lado de donde atraca el barco así que teníamos hasta última hora para disfrutarla. La mala noticia para mi es que ¡¡¡se me agotó la batería de la cámara!!! así que hasta que mi hermano no me pase sus fotos, no podré ilustrar mi relato.
Dentro de la fortaleza visitamos el Museo de la Resistencia, el propio castillo que fue residencia real y el Museo del Ejército. Todo eso aparte de caminar dentro del recinto y por las murallas que ya en si es bonito para ver.
De las tres cosas, lo que realmente me encantó fue el museo militar.
Mucho mejor que el de Copenhague. Tiene una parte dedicada a las experiencias del ejército noruego con la ONU, otra parte de épocas antiguas, y la verdaderamente brillante es la dedicada a la II Guerra Mundial. Recordemos que el ejército alemán se rindió en Noruega sin combatir con los aliados, así que se expone material bélico, uniformes, documentos, etc. en perfecto estado. En fin, disfruté mucho y lo recomiendo a los que les gusten estos temas.
Finalmente subimos al barco y nos hicimos unas hamburguesitas para reponer fuerzas. Contemplando las ciudad mientras comíamos se desató una tormenta de aúpa (de esas con rayos, truenos, relámpagos y centellas). Menos mal que estabamos resguardaditos porque veíamos como llegaban los buses de Costa y la peña venga a correr para embarcar bajo el diluvio.
Como el día se puso bastante feo y no merecía la pena estar en cubierta, nos retiramos a descasar un poco (bueno, a mi me tocó ir a la charla del desembarque en el teatro. [V]).
Durante la cena, el Mar del Norte se enrolló y nos hizo un último regalo, habíamos dejado atrás la tormenta y...
Sin palabras. Cuando salí a cubierta a tomar esta foto, había unas quince personas haciéndo lo mismo al mismo tiempo.
El espectáculo de esa noche se titulaba "We are the world" y como siempre no pasó de discreto, aunque con momentos brillantes.
De todas maneras, la noche antes de desembarcar, todo, aunque sea espléndido, se tiñe con un poco de melancolía ¿o no?.
Hasta pronto amigos.
Voyager of the Seas agosto 2007 Meditérrano Occidental
Costa Mediterránea junio 2008 Tierra de los Vikingos