Neekko: no te quepa la menor duda de que me llevaré la petaca que me regaló Celia en San Petersburgo, y estoy seguro de que Picapoco hará lo propio. Vamos, que si nos lo proponemos hasta montamos una fiestuqui en el hotel entre todos.
Os confieso que estamos muy felices de que esta nueva quedada haya llegado a buen puerto, y que es una pena que falten algunos, les daremos otra oportunidad en la siguiente quedada.
Bueno, otro empujoncillo a las fotos de N.Y.
Después de bajar del ferry de Staten Island ya tocaba visitar el famoso Financial District (distrito financiero), que está justo ahí al lado, en el sur de Manhattan. Lo primero que vimos al adentranos en él fue este camión de bomberos, al que no le falta la corona de Navidad en el radiador:
La nieve en las calles sigue siendo abundantísima y sólo tenemos un pasillo para caminar los peatones:
Fijaos cómo eran de estrechos los pasadizos que había que atravesar entre la nieve para cruzar de acera, y la altura de la nieve:
El gran toro de bronce de Bowling Green, solicitadísimo para hacerse fotos:
Lo típico es hacerse una foto tocándole los huevos, y en eso en España somos especialistas

:
La Trinity Church, otra gran iglesia empequeñecida por sus grandes vecinos de hormigón, aquí comienza la famosa Wall Street:
La New York Stock Exchange (NYSE), o sea, la Bolsa, aunque ahora ya no se desarrollan las sesiones allí. Es otro edificio "mindundi" frente a sus vecinos:
El Federal Hall National Monument, con la estatua de George Washington, es el lugar donde juró el cargo el primer presidente de los U.S.A.:
Esta calle es Wall Street, al fondo está la Trinity Church, que os he puesto en una foto anterior. Llama mucho la atención lo estrecha que es esta calle y todas las de este barrio, y lo que es más, a pesar de las estrecheces los edificios siguen siendo altísimos, cuando uno pasea se siente literalmente encajonado:
Aquí nos llevamos un buen susto, pues de repente empezamos a oír algo así como pequeñas explosiones cerca de nosotros, hasta que cayó una a medio metro de donde estábamos y nos dimos cuenta de lo que pasaba, con el paso del tiempo la nieve de los tejados se estaba empezando a soltar y caía a la acera ¡pero desde una altura de unos doscientos metros! que es la altura media de los edificios que hay por esa zona. Te llevabas unos sustos de muerte, ¡coño con los rascacielos!
En las calles era muy incómodo caminar pues todo se iba convirtiendo en un chip-chap de nieve, barro y agua imposible de sortear, menos mal que ya nos habíamos comprado todos botas para esta situación y pudimos capearla con bastante comodidad.
Algunas calles aún seguían impracticables: