En Klaipeda me pasó un hecho curioso. Bajé del barco, me di una vuelta por el pequeño centro histórico y por las tiendas de ámbar, y como no había pasado ni una hora, decidí coger un taxi para que me diese una vuelta. Tras hacer precio con varios cogí uno por un par de horas. Cuando le dije que quería un paseo de "dos horas" me miró con una cara como dicendo "este tío dónde quiere que le lleve durante tanto tiemp", pero que yo no comprendí hasta luego, cuando me llevaba a ver un montón de cosas sin el más mínimo interés como, la antigua base naval abandonada, donde almacenaban los barcos de pesca abandonados (el había sido pescador y había faenado durante años en aguas canarias, por lo que chapurreaba algo de español).
Tras una hora y pico de esta guisa, nos llevó a ver un centro comercial moderno, una iglesia que regaló Juan Pablo II pues estaban todas derruidas, y un grupo de esculturas en un parque. Durante el último cuarto de hora creo que estuvimos dando, simplemente, vueltas sin ir a ninguna parte.
La excursión más interesante del barco era visitar un antiguo silo de misiles nucleares. Desgraciadamente, la capital, Vilnius está demasiado lejos para ir a pasar el día.
Al regresar al barco nadie se explicaba la razón por la que los cruceros hacían escala en ese puerto. En nuestro caso, nos la habían cambiado por Danzig. Lo que no sé es por qué no nos la cambiaban por Riga, en donde no hacen escala los cruceros, y es una bonita ciudad hanseática al estilo de Tallín.